El Senado aprobó la solicitud del Presidente Gabriel Boric para prorrogar durante todo 2026 la permanencia del contingente chileno en Bosnia y Herzegovina, ratificando el compromiso del país con las operaciones de paz, en un contexto donde las Fuerzas Armadas ya están fuertemente desplegadas internamente para resguardar las elecciones de 2025 y donde los vecinos refuerzan el rol militar en fronteras.
La decisión del Senado extiende desde el 1 de enero hasta el 31 de diciembre de 2026 la permanencia del contingente chileno en Bosnia y Herzegovina, una de las misiones más emblemáticas de Chile en el marco de la proyección de su política exterior a través de la participación en operaciones de paz. El acuerdo llega en un momento en que las Fuerzas Armadas también asumen un rol central en el resguardo de la jornada electoral interna: para las elecciones presidenciales y parlamentarias de 2025 se desplegarán más de 15.000 efectivos del Ejército y más de 26.000 militares en total para custodiar recintos de votación desde Arica hasta la Antártica.
Este doble compromiso —externo e interno— plantea desafíos de gestión de personal, logística y narrativa estratégica. Hacia fuera, Chile sigue construyendo una imagen de proveedor confiable de seguridad cooperativa, con capacidad para integrarse en operaciones multinacionales complejas y entornos postconflicto. Hacia dentro, el creciente protagonismo militar en tareas de orden público y resguardo electoral se superpone con un debate aún no resuelto sobre los límites del empleo de Fuerzas Armadas en funciones de seguridad interna.
En el vecindario, Perú ha reforzado el despliegue de sus Fuerzas Armadas en las provincias limítrofes del sur para controlar la migración, con impacto directo en la frontera con Chile y en la percepción ciudadana de militarización de la gestión migratoria. Todo esto compone un cuadro donde los militares aparecen simultáneamente como garantes de la seguridad fronteriza, actores clave en la estabilidad democrática interna y símbolo de compromiso internacional, lo que exige una política de defensa clara y comunicada que ordene prioridades, recursos y expectativas.
En el corto plazo, la prórroga en Bosnia mantendrá el perfil internacional de las Fuerzas Armadas chilenas y seguirá ofreciendo experiencia en operaciones de paz a mandos y tropas. A mediano plazo, sin embargo, será clave definir si Chile desea profundizar su participación en misiones internacionales o concentrar recursos en desafíos internos (fronteras, clima de seguridad pública, ciberdefensa). Para El Radar, el seguimiento obligado será: cómo evoluciona la percepción ciudadana sobre el rol militar, qué ajustes normativos se discuten en el Congreso respecto al uso interno de las FF.AA., y qué espacio deja todo esto para sostener una política exterior que utilice el “poder de casco azul” como instrumento de influencia.