El 22 de diciembre, el presidente Gabriel Boric inauguró en la Base Aérea de Cerrillos el Centro Espacial Nacional (CEN), complejo de más de 5.000 m² operado por la Fuerza Aérea de Chile, diseñado para construir y controlar una nueva generación de satélites nacionales, consolidando a Chile como actor espacial de referencia en Sudamérica.
El CEN integrará un centro de control de misión para operar el Sistema Nacional Satelital, un laboratorio de ensamblaje e integración de satélites, un laboratorio de ciencia de datos con supercomputación y espacios dedicados a investigación, emprendimiento y formación de capital humano. En una primera etapa, allí se proyecta la construcción de siete satélites de 23 kg y uno de observación terrestre de 200 kg, orientados a generar imágenes y datos de alta resolución para aplicaciones civiles y de defensa.
En términos estratégicos, el CEN reduce la dependencia de proveedores extranjeros para servicios de observación terrestre, meteorología, gestión de desastres y vigilancia de fronteras, mar y territorio. Chile se aproxima al nivel de países como Argentina y Brasil en capacidades espaciales, pero con un énfasis fuerte en la integración interministerial (Defensa, Ciencia, Relaciones Exteriores, Educación) y en la cooperación regional, al ofrecer el centro como plataforma para proyectos sudamericanos conjuntos.
Para Chile, las implicancias de defensa son directas: imágenes satelitales propias fortalecen la conciencia situacional marítima en la ZEE y la macrozona norte, el monitoreo de infraestructura crítica (puertos, oleoductos, tendidos eléctricos) y la vigilancia de incendios y emergencias, donde FF.AA. suelen desempeñar un rol de apoyo. Al mismo tiempo, el salto tecnológico obliga a robustecer la ciberdefensa y la protección de los segmentos de tierra del sistema satelital frente a intrusiones y sabotajes.
Los próximos pasos pasan por poner efectivamente en órbita la nueva constelación, definir una gobernanza clara sobre el uso de datos (seguridad vs. acceso público) y estructurar acuerdos espaciales con países vecinos que eviten percepciones de carrera armamentista en órbita. Para Chile, el desafío será usar este activo como multiplicador de seguridad y desarrollo —no solo como vitrina tecnológica— y blindarlo mediante políticas sólidas de ciberseguridad, continuidad presupuestaria y cooperación internacional estable.