El Ministerio de Defensa aprobó una nueva Política Militar y Política de Defensa que fija como ejes estratégicos el desarrollo de la construcción naval y el fortalecimiento de la industria militar nacional, en un giro que busca alinear capacidades de las FF.AA. con una base industrial propia y con la creciente complejidad del entorno regional latinoamericano.
La actualización doctrinaria, aprobada en noviembre y difundida en diciembre, define lineamientos sobre funciones, operaciones y forma de empleo de las Fuerzas Armadas, incorporando explícitamente el fomento a la industria de defensa como objetivo de política pública. Esto incluye la consolidación de capacidades de construcción naval –donde la Armada de Chile ya tiene experiencia en unidades de superficie– y una mirada integral a empresas estratégicas como FAMAE, ENAER y ASMAR.
El cambio se produce mientras el mercado de defensa latinoamericano proyecta un crecimiento sostenido en gasto y adquisiciones hasta 2033, impulsado por amenazas transnacionales, crimen organizado y tensiones interestatales puntuales. Para Chile, seguir dependiendo de proveedores externos sin una base industrial robusta aumenta la vulnerabilidad frente a embargos, cambios regulatorios y restricciones tecnológicas. La nueva Política reconoce esta realidad y apunta a una lógica de autonomía relativa: no aspirar a producir todo, pero sí a dominar nichos críticos (mantenimiento, modernizaciones, plataformas específicas, soluciones C2, etc.).
En el plano geopolítico, la industria de defensa también es herramienta de inserción internacional. Un Chile capaz de ofrecer servicios de mantenimiento, modernización de plataformas o incluso exportar sistemas específicos puede reforzar su rol en esquemas de cooperación regional, desde UNASUR-Defensa (si renace en otra clave) hasta acuerdos bilaterales con vecinos o socios extra-regionales.
Los próximos pasos clave serán cómo se traducen estos lineamientos en presupuestos plurianuales, programas concretos y marcos normativos que den previsibilidad a la inversión en defensa. El escenario probable es una implementación gradual, tensionada por restricciones fiscales, pero con oportunidades claras si se coordina a FF.AA., industria estatal y privado. Para El Radar, el desafío será seguir la pista a cada programa –especialmente en el ámbito naval– y analizar si Chile logra efectivamente transformar la doctrina en capacidad industrial real.