En diciembre (confirmado el 7 de diciembre de 2025), China y Rusia realizaron su tercera ronda de ejercicios conjuntos anti-misiles en territorio ruso. Importa porque consolida interoperabilidad en un dominio sensible (defensa antimisil) y funciona como mensaje de alineamiento estratégico frente a arquitecturas de disuasión occidentales.  

A diferencia de ejercicios “genéricos”, la defensa antimisil toca el núcleo de la estabilidad estratégica: sensores, fusión de datos, mando-control y procedimientos de respuesta. Repetir el formato por tercera vez sugiere aprendizaje acumulativo y, potencialmente, mayor compatibilidad técnica en redes y protocolos. No implica una alianza formal, pero sí un patrón: cooperación sostenida en capacidades que condicionan la libertad de acción de terceros.

En términos geopolíticos, este tipo de ejercicios opera como herramienta de señalización: indica que Moscú y Beijing buscan reducir asimetrías frente a sistemas de defensa y vigilancia occidentales, y aumentar incertidumbre sobre su capacidad de absorción/represalia ante ataques de precisión. En un entorno donde proliferan misiles de distinto alcance y vectores no tripulados, la frontera entre “defensa” y “postura ofensiva habilitada” se hace más difusa: proteger nodos críticos permite sostener operaciones prolongadas y asumir más riesgo.

Chile no está en el eje central de esta interacción, pero sí recibe efectos indirectos: (1) endurecimiento del entorno estratégico global eleva demanda por sensores, radares y sistemas C2; (2) presión sobre cadenas logísticas/industriales de componentes duales (electrónica, comunicaciones seguras); (3) aumento de la importancia de conciencia situacional marítima y aeroespacial para países medianos dependientes del comercio. Para una estrategia chilena realista, la prioridad no es “seguir la carrera”, sino asegurar interoperabilidad, ciber-resiliencia y continuidad operativa de redes críticas.

Escenario probable: continuidad de ejercicios y cooperación técnica, especialmente si se intensifica la competencia tecnológica con Occidente. Riesgo: mayor polarización y exportación de tecnologías/estándares a terceros teatros. Señal a observar: si pasan de ejercicios a iniciativas permanentes de integración de sensores y mando.  

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