EE.UU. anunció una reunión de jefes de Defensa del Hemisferio Occidental con participación de 34 países en febrero. Importa porque intenta alinear prioridades regionales ante amenazas transnacionales y competencia estratégica. 

El formato, caracterizado por ser de alto nivel y amplio espectro, sugiere una búsqueda de coordinación política-militar en un continente donde las amenazas se cruzan: crimen organizado, fronteras porosas, presión migratoria, cibercrimen y disputas por control territorial. En paralelo, la región es espacio de competencia indirecta a través de financiamiento, infraestructura, tecnología dual y presencia logística de actores extrarregionales.

La clave será qué se prioriza: interoperabilidad y capacidades (marítimas, ISR, ciber), o enfoques predominantemente políticos. En cualquier caso, el solo hecho de la convocatoria apunta a reconstituir mecanismos hemisféricos de seguridad, con fuerte interés en rutas marítimas y puntos de estrangulamiento logístico (Caribe, Pacífico oriental). 

Para Chile, abre ventanas de cooperación práctica (seguridad marítima, ciberdefensa, inteligencia contra redes ilícitas) y posicionamiento diplomático-militar, especialmente por su proyección al Pacífico y Antártica. También puede tensionar equilibrios si se percibe como alineamiento rígido en un entorno regional políticamente fragmentado. 

Por lo pronto quedamos a la espera de ser presentada la agenda temática, ver si hay compromisos de ejercicios y trabajo técnico. Podríamos estar asistiendo a un mecanismo operativo con planes comunes, o ser una instancia netamente declarativa, también podríamos ver el trabajo de coaliciones “por tema” (marítimo/ciber) que pueden avanzar sin consenso total. Parte de los riesgos que se pueden manifestar, es la excesiva politización del espacio, una baja ejecución o bien que existan respuestas asimétricas entre países.

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