Brasil cerrará 2025 destinando alrededor del 2 % de su PIB a Defensa y consolidando una agenda ambiciosa: avance del programa de submarinos convencionales S-BR, liberación de capacidades industriales para el submarino nuclear Álvaro Alberto y un nuevo acuerdo con India para el mantenimiento de unidades Scorpene, reforzando su posición como actor militar de peso en el Atlántico Sur.  

De acuerdo con análisis especializados, 2025 ha sido un año de inflexión para las Fuerzas Armadas brasileñas: se entregó el tercer submarino convencional S42 Humaitá, se lanzó el S43 Alte. Karam y se liberaron recursos humanos e industriales para avanzar en la construcción del submarino de propulsión nuclear Álvaro Alberto, pieza central del ambicioso programa PROSUB. Paralelamente, Brasil inició una cooperación con India para el mantenimiento de submarinos Scorpene, ampliando su base de conocimiento y su inserción en cadenas de valor navales.  

A esto se suma el avance del programa de fragatas Tamandaré, la consolidación del caza Gripen en la Fuerza Aérea y una política de exportaciones de defensa en alza, con Brasil posicionándose como proveedor regional de vehículos blindados, aeronaves de transporte y sistemas de entrenamiento. El país se aproxima así al estándar de gasto de defensa de la OTAN (2 % del PIB), aunque con prioridades y desafíos propios, incluyendo la seguridad de la Amazonía y la protección de sus yacimientos energéticos offshore.  

Desde Santiago, el auge militar brasileño puede leerse tanto como una oportunidad como un desafío:

  • En el plano estratégico, la presencia de un vecino con capacidades navales de largo alcance, submarinos modernos y ambiciones nucleares obliga a Chile a considerar escenarios de cooperación y de balance, especialmente en el Atlántico Sur y en la proyección hacia África.
  • En la dimensión industrial, el avance brasileño contrasta con la escala más limitada de ENAER, ASMAR y FAMAE, pero también abre oportunidades de complementariedad: joint ventures en sistemas, mantenimiento regional, cooperación en programas espaciales y de vigilancia marítima.
  • Políticamente, el rol de Brasil como “proveedor de seguridad” regional puede incidir en debates sobre misiones de paz, control de rutas atlánticas y presencia en la Antártica, temas en los que Chile también busca ser actor relevante.

El ritmo de ejecución del programa nuclear Álvaro Alberto y la sostenibilidad de un gasto cercano al 2 % del PIB serán los barómetros de la proyección brasileña. Si Brasil logra consolidar su base industrial y tecnológica, el Cono Sur podría pasar de ser un “vacío” estratégico a una región con complejos militares-industriales de peso. Para Chile, el escenario aconseja abandonar la inercia y definir con mayor precisión qué tipo de poder militar e industrial quiere ser en 2035–2040, y con quién lo va a construir.

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