Mientras en el entorno global se reacomodan las grandes potencias, Chile avanza en tres frentes silenciosos pero estratégicos: la planificación del ejercicio aéreo multinacional Salitre 2026, el lanzamiento del proyecto “Drones para Chile” y el fortalecimiento de la ciberdefensa mediante ejercicios como “Minerva 2025”, articulando FF.AA., academia e industria local.  

En el ámbito aeroespacial, la Fuerza Aérea de Chile (FACh) ha iniciado la compleja planificación de Salitre 2026, uno de los ejercicios de combate aéreo más exigentes de la región, que reúne a fuerzas aliadas en escenarios de alta intensidad, operaciones combinadas y uso avanzado de medios. El proceso, iniciado con reuniones de planificación, apunta a consolidar la interoperabilidad de Chile con socios clave y a validar doctrinas de empleo conjunto de la fuerza.  

En paralelo, el Ministerio de Defensa prepara el programa “Drones para Chile”, una iniciativa que busca articular a las FF.AA., la academia y empresas nacionales para desarrollar y emplear sistemas UAV en seguridad, logística e innovación tecnológica. Este esfuerzo se suma a proyectos ya en marcha, como el UAV Lascar del Ejército, el desarrollo de un UAV nacional impulsado por la FACh, y plataformas navales no tripuladas como el vehículo de superficie Yagán y el dron VTOL EV350 de la Armada.  

En el dominio cibernético, el ejercicio “Minerva 2025” ha reunido a Ejército, universidades y empresas de servicios básicos en un simulacro de ciberataque de gran escala, poniendo a prueba protocolos de respuesta, coordinación interinstitucional y resiliencia de infraestructuras críticas. Este tipo de ejercicios muestra que la defensa nacional ya no se limita a los campos de entrenamiento físicos, sino que se traslada a redes, centros de datos y sistemas industriales.  

La combinación de entrenamiento multinacional, innovación en drones y ejercicios de ciberdefensa puede posicionar a Chile como referente regional en capacidades de “defensa inteligente”, siempre que se cumplan tres condiciones:

  1. Que exista continuidad presupuestaria más allá de ciclos políticos y de la actual reducción selectiva del gasto en defensa.  
  2. Que los proyectos UAV y de IA no queden atrapados en pilotos aislados, sino que se integren en doctrinas conjuntas y en cadenas industriales locales.
  3. Que el componente de ciberresiliencia incorpore también al sector privado, que concentra gran parte de la infraestructura crítica.
    En un mundo donde la guerra se libra simultáneamente en el aire, el mar, el ciberespacio y la opinión pública, los pasos que está dando Chile son coherentes, pero todavía fragmentados. El reto estratégico será articularlos en una visión única de defensa 2030 que conecte ejercicios como Salitre, programas como “Drones para Chile” y simulacros cibernéticos tipo Minerva en un mismo mapa de capacidades.
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