El lunes 9 de marzo asumió el nuevo Comandante en Jefe del Ejército de Chile, el General de Ejército Pedro Raúl Varela Sabando, para el período 2026-2030. Este relevo no es solo de carácter administrativo, sino que abre una fase de conducción marcada por la modernización, la planificación estratégica y el reordenamiento institucional.
La llegada del general Pedro Varela instala una nueva etapa en la principal fuerza terrestre chilena en un momento en que el Ejército debe traducir lineamientos de largo plazo en decisiones concretas sobre estructura, capacidades, doctrina y desarrollo de fuerza. Más que un cambio ceremonial, se espera que este relevo consolide la apertura de un ciclo de mando que deberá articular la transición hacia la llamada Fuerza 2040, en un entorno regional relativamente estable, pero con presión creciente sobre fronteras, infraestructura crítica, apoyo a la seguridad interior y adaptación tecnológica. El hecho adquiere relevancia porque redefine el centro de gravedad institucional de la fuerza en el arranque de un nuevo período político en Chile.
El general Pedro Raúl Varela Sabando asumió en marzo de 2026 como Comandante en Jefe del Ejército de Chile, cargo que ejercerá hasta 2030. Nacido en 1968 en Chiguayante. Ingresó a la Escuela Militar en 1986 y egresó en 1988 como alférez del Arma de Caballería Blindada. Es licenciado en Ciencias Militares y posee un magíster en Planificación y Gestión Estratégica de la Academia de Guerra del Ejército.
A lo largo de su carrera se ha desempeñado en áreas clave de conducción estratégica: fue director de inteligencia militar, comandante de Operaciones Especiales, jefe del Comando Conjunto Norte (responsable de las fronteras con Perú y Bolivia), jefe de la misión militar de Chile en Washington y posteriormente Comandante de Operaciones Terrestres, encargado de la planificación y alistamiento de la fuerza terrestre.
Su perfil combina experiencia en operaciones, inteligencia y planificación estratégica, lo que explica en parte su designación en un momento en que el Ejército enfrenta transformaciones doctrinarias, tecnológicas y políticas relevantes para la defensa chilena.
Independiente de los propios lineamientos que legítimamente liderará el nuevo comandante en jefe, hay algunos ejes que nos parecen importantes de describir:
La llegada del general Pedro Raúl Varela Sabando al mando del Ejército de Chile abre una etapa que combina continuidad institucional con una agenda de transformaciones estructurales en el ámbito de la defensa. Su conducción se desarrollará en un contexto marcado por cambios tecnológicos, nuevas amenazas híbridas y un proceso de redefinición del rol de las Fuerzas Armadas dentro del sistema de seguridad nacional. En ese marco, su gestión puede entenderse a partir de varios ejes estratégicos y de los desafíos que deberá enfrentar durante los próximos años.
Reforzamiento de la disciplina institucional y control interno
Uno de los primeros frentes de su mando será consolidar estándares de probidad, disciplina y control institucional al interior del Ejército. La institución arrastra cuestionamientos derivados de casos judiciales y situaciones que han afectado su credibilidad pública, por lo que el nuevo comandante deberá fortalecer los mecanismos de supervisión, la cultura de responsabilidad y la cooperación con los órganos del Estado encargados de fiscalización. La legitimidad institucional se ha convertido en un activo estratégico para las Fuerzas Armadas y su preservación será clave para la estabilidad del mando.
Actualización doctrinaria y adaptación al entorno estratégico hemisférico
El Ejército enfrenta el desafío de ajustar su doctrina a los cambios que experimenta el sistema de seguridad regional. En este escenario adquieren relevancia iniciativas hemisféricas como la doctrina “Shield of the Americas”, orientada a mejorar la interoperabilidad militar entre países del continente frente a amenazas comunes. La incorporación de estos marcos conceptuales exige adaptar procesos de planificación, entrenamiento y cooperación internacional, particularmente en ámbitos como operaciones combinadas, defensa de infraestructuras críticas y respuesta a amenazas híbridas.
Fortalecimiento de inteligencia, ciberdefensa y anticipación estratégica
La creciente complejidad del entorno de seguridad obliga a reforzar las capacidades de inteligencia estratégica, contrainteligencia y ciberdefensa. Las amenazas actuales ya no se limitan al plano militar tradicional, sino que incluyen operaciones informacionales, ataques cibernéticos y la acción de redes criminales transnacionales. En este contexto, el Ejército deberá avanzar en sistemas de análisis anticipatorio y en la integración de inteligencia con otras agencias del Estado.
Participación en la modernización del sistema de defensa nacional
El nuevo comandante en jefe también deberá involucrarse en las decisiones de modernización que marcarán la defensa chilena durante la próxima década. Entre ellas se encuentran los procesos de renovación de capacidades estratégicas de las Fuerzas Armadas, como la futura adquisición de nuevos submarinos para la Armada, proyectos que requieren planificación conjunta y coordinación interinstitucional. Estas decisiones configuran el equilibrio militar regional y requieren una mirada estratégica integrada entre las distintas ramas de la defensa.
Innovación tecnológica y transformación del Ejército
Otro desafío central será acelerar la incorporación de tecnologías emergentes en el ámbito militar. El campo de batalla contemporáneo se caracteriza por el uso intensivo de sensores, sistemas autónomos, análisis de datos e inteligencia artificial. Para el Ejército chileno esto implica avanzar hacia una fuerza más digitalizada, con mayor integración entre sistemas de mando y control, empleo de drones tácticos, guerra electrónica y nuevas capacidades de observación y reconocimiento.
Proyección espacial y autonomía tecnológica del país
La dimensión espacial se ha convertido en un componente relevante para la seguridad y la defensa. Chile ha desarrollado en los últimos años una estrategia vinculada al uso de satélites de observación y sistemas de información geoespacial. Sin embargo, controversias políticas relacionadas con contratos tecnológicos con Israel han ralentizado algunos de estos proyectos. El desafío será garantizar la continuidad del desarrollo espacial nacional, clave para tareas como vigilancia territorial, gestión de desastres y apoyo a operaciones militares.
Rol del Ejército en seguridad fronteriza y estabilidad interna
Finalmente, el Ejército continuará participando en tareas de resguardo fronterizo y apoyo a la seguridad nacional, especialmente en el norte del país, donde confluyen migración irregular, tráfico ilícito y presencia de redes criminales transnacionales. El desafío será mantener la capacidad operativa en estas misiones sin desdibujar el marco institucional que distingue las funciones de defensa externa de las tareas propias de seguridad pública.
En conjunto, el mando del general Pedro Varela se desarrollará en un período en que la defensa chilena atraviesa una transición estratégica: modernización tecnológica, redefinición doctrinaria, cooperación internacional y fortalecimiento institucional. La capacidad del Ejército para adaptarse a estas transformaciones marcará el carácter de su gestión y el posicionamiento de Chile dentro del escenario de seguridad regional.
Fotografía: Ejército de Chile