La Armada de Chile profundiza en 2025 su política de construcción naval continua y modernización de unidades, mientras la Fuerza Aérea impulsa el Centro Espacial Nacional y nuevos desarrollos tecnológicos, consolidando una estrategia de autonomía gradual en capacidades marítimas y aeroespaciales.  

Fuentes especializadas destacan que la Armada ha reforzado este año el Plan Nacional Continuo de Construcción Naval, orientado a construir en el país futuras fragatas de la Escuadra y otras unidades, en alianza con astilleros nacionales y proveedores tecnológicos.  Esta política busca no solo renovar plataformas, sino también consolidar una base industrial y tecnológica propia, capaz de sostener en el tiempo el mantenimiento, la modernización y eventuales exportaciones regionales. La modernización de unidades ya en servicio se complementa con esta estrategia, generando un ciclo inversor que vincula a las FF.AA. con el sistema científico y productivo chileno.

Paralelamente, la inauguración del Centro Espacial Nacional, operado por la Fuerza Aérea de Chile, marca un hito al permitir la construcción de satélites propios de observación y otras misiones, además de fortalecer la soberanía tecnológica en materia espacial.  Un balance reciente subraya que la FACh ha ampliado en 2025 su poder aeroespacial y sus capacidades tecnológicas, incluyendo sistemas de vigilancia, aeronaves adaptadas a entornos extremos y proyectos de UAV de desarrollo nacional orientados a fortalecer la soberanía aeroespacial.  

En clave geopolítica, estas decisiones sitúan a Chile en una posición singular en América del Sur: combina una política de construcción naval de largo plazo con un programa espacial emergente y capacidades aéreas en evolución. Esto le otorga herramientas adicionales para proteger sus extensas áreas marítimas, proyectar presencia en el Pacífico Sur y el Atlántico austral, y participar en misiones combinadas con socios regionales y extra-regionales. Al mismo tiempo, abre oportunidades para la industria nacional en segmentos de alto valor agregado (sistemas de combate, sensores, comunicaciones seguras, integración satelital), con potencial de encadenamientos tecnológicos hacia sectores civiles.

En el mediano plazo, el principal desafío será sostener estos programas frente a ciclos económicos, cambios políticos y competencia por recursos presupuestarios. Los riesgos incluyen cuellos de botella tecnológicos, dependencia en insumos críticos importados y tensiones entre plazos políticos y tiempos de maduración industrial. Sin embargo, si se mantiene una visión de Estado que priorice la continuidad de la construcción naval y el desarrollo aeroespacial, Chile puede consolidar una posición de relativa autonomía tecnológica en defensa dentro de la región, reforzando al mismo tiempo su capacidad de interlocución con grandes potencias en términos más simétricos.

Panorama regional: la ola de recapitalización

En 2024–2025 se consolidó una verdadera “ventana de renovación” en América del Sur:

  • Argentina: compra 24 F-16 (ex Dinamarca) por unos USD 300 millones; el acuerdo se cerró en 2024 y las primeras seis aeronaves ya llegaron al país en diciembre de 2025.  
  • Brasil: continúa recibiendo F-39 Gripen E/F, con entregas extendidas hasta 2032; el programa implica producción en Brasil junto a Embraer.  
  • Perú: decide adquirir 24 Gripen E/F por alrededor de USD 3,5 mil millones, como parte de un paquete más amplio que incluye C-27J y B-737, mientras también obtiene luz verde para comprar F-16C/D Block 70. A
  • Colombia: firma contrato por 17 Gripen E/F (15 E + 2 F) por 3,1 mil millones de euros, con entregas entre 2026 y 2032.  
  • Perú (tierra): acuerda la compra de 54 tanques K2 y 141 vehículos blindados de ruedas de Corea del Sur, el mayor contrato de blindados de ese país en América Latina.  

En paralelo, Brasil consolida a Embraer como actor de peso, exportando C-390 a Suecia y a aliados de la OTAN. 

Sobre ese telón de fondo, veamos dónde queda Chile.

Aviación de combate: de “punta de lanza” a “una punta más del triángulo”

Situación regional:

  • Brasil será, de facto, el primer polo Gripen del continente (36 F-39 en camino, con negociaciones para más aparatos y ensamblaje local). 
  • Perú y Colombia se suman al “club Gripen” con 24 y 17 unidades respectivamente, con paquetes de armamento, entrenamiento y offsets industriales.  
  • Argentina entra al universo F-16 con 24 aparatos MLU ex Dinamarca; no son de última generación, pero sí un salto respecto a lo que tenía (o no tenía).  

Chile:

  • Mantiene una flota F-16 (MLU + Block 50) que sigue siendo muy respetable, pero con células envejecidas.
  • Está en curso la modernización de sus F-16 al estándar M6.6, con mejora de aviónica, software, capacidades de armamento y enlace de datos.  
  • Durante años, Chile fue referente regional en aviación de combate. Con la actual ola de compras, ese liderazgo se vuelve menos nítido: Brasil, Perú y Colombia operarán Gripen E/F con radar AESA, guerra electrónica avanzada y paquetes de armamento aire-aire y aire-superficie modernos.
  • La ventaja chilena se desplaza desde la pura plataforma hacia el sistema completo: integración C2, experiencia operativa, logística, entrenamiento combinado, presencia en FIDAE, y ahora el vector espacial (Centro Espacial Nacional) que puede nutrir de datos ISR a la FACh.  

En resumen: Chile deja de ser “el único” con aviación de combate de alto nivel y pasa a integrar un pelotón de 3–4 países con capacidades comparables, donde la diferencia la marcarán integración, doctrina, ISR y sostenibilidad, más que el brochazo grueso de la plataforma.

Poder naval: aquí Chile sigue bien posicionado

  • Un análisis reciente recuerda que Brasil, Argentina, Colombia, Chile y Perú están preparando sus flotas para asegurar recursos y expandir influencia marítima ante eventuales rivalidades. Mientras que Chile presenta algo que la mayoría de sus vecinos no tiene: una Política Nacional Continua de Construcción Naval, firmada en enero de 2025, que fija como horizonte construir en el país gran parte de los buques que la Armada requerirá, dejando inversión y capacidades en ASMAR y en la base industrial marítima nacional.  

Esto implica:

  • Planificación a 15 años para proyectos de nuevos buques (incluyendo fragatas).  
  • Uso de capacidades acumuladas (más de 50 buques construidos, entre ellos el rompehielos “Almirante Viel”).  
  • Mientras varios vecinos optan por compras puntuales de fragatas, OPV o submarinos en el extranjero, Chile apuesta a un pipeline de construcción nacional.
  • Eso le da ventajas en autonomía, mantenimiento, actualización y sostén en crisis prolongadas.
  • Chile, en el campo naval, no parece estar quedando atrás; al contrario, se perfila como uno de los pocos que amarran inversión en defensa a una base industrial propia.

En conclusión,  el dominio marítimo, la ola de compras regional no deja a Chile rezagado; más bien subraya la relevancia de haber dado el paso hacia una política continua que otros recién están empezando a pensar.

 Fuerza terrestre: la brecha se estrecha y se tecnologiza

Perú firma un acuerdo significativo con Corea del Sur para 54 tanques K2 y 141 blindados 8×8, el mayor contrato terrestre surcoreano en la región.  

Mientras Chile impulsa la modernización de los Leopard 2A4, incorporando sistemas electro-ópticos avanzados (como Volkan II/ATS-65D) para mejorar precisión y probabilidad de impacto, y mantiene un programa de nuevos 8×8 para el Batallón Mecanizado del Regimiento Buin, con soporte logístico en FAMAE.  

En vez de adquirir un MBT completamente nuevo, Chile estira la vida útil de una plataforma todavía válida, pero que ya no será “lo último” frente a K2 y otras soluciones de nueva generación.

El diferencial chileno está en la capacidad industrial de sostener y modificar (FAMAE, alianzas tecnológicas), pero la brecha tecnológica en blindados pesados se estrecha, y a mediano plazo podría invertirse si los vecinos siguen comprando equipos nuevos y Chile solo moderniza.

Industria de defensa y offsets: Brasil despega, otros imitan, Chile se reposiciona

En Brasil, Embraer y Saab co-producen Gripen; las entregas se extienden y el país acumula know-how en ensamblaje de cazas supersónicos. Y la venta de C-390 a Suecia –bajo un paraguas de compras conjuntas OTAN– refuerza a Brasil como actor exportador dentro de la alianza atlántica.  

En Colombia y Perú, los contratos Gripen incluyen offsets tecnológicos, formación y proyectos asociados que buscan irradiar beneficios más allá de la simple compra de plataforma. 

Mientras tanto, Chile Responde con una apuesta estratégica en el espacio: el Centro Espacial Nacional (CEN), recientemente inaugurado en Cerrillos, permitirá diseñar, fabricar y operar satélites propios, y se concibe explícitamente como herramienta de soberanía tecnológica y apoyo a la industria de defensa.  

La FACh, por su parte, impulsa proyectos como el T-40 Newen, orientados a reactivar producción local de aeronaves y posicionar a Chile en el mercado global.  

En síntesis, Brasil está un escalón arriba, con un conglomerado robusto (Embraer) vendiendo a OTAN. Perú, Colombia y Argentina usan sus compras para anclar relaciones de dependencia tecnológica con proveedores (Suecia, EE. UU., Corea del Sur), con distintos grados de offset. Y Chile intenta equilibrar: no entra en un mega-programa de cazas nuevos, pero sí en una tríada de políticas estructurales: construcción naval continua, salto espacial (CEN), modernización incremental de medios existentes con participación industrial local.

¿En qué posición concreta queda Chile?

Chile sigue estando en el grupo de cabeza junto a Brasil, y en menor medida Perú y Colombia, en términos de capacidades conjuntas (aire, mar, tierra, industria). No se ve “desbordado” por las compras vecinas, pero pierde la comodidad de una superioridad tecnológica clara en aviación y blindados.

Se materializa un enfoque en autonomía estratégica a través de una Política continua de construcción naval y CEN son apuestas a soberanía tecnológica que van más allá de la compra puntual. 

A pesar de ello podemos vislumbrar algunas vulnerabilidades emergentes

Un factor son las llamadas “Ventana de envejecimiento” en aviación de combate, aunque la modernización M6.6 pone al día los F-16, la edad de las células y la entrada masiva de Gripen E/F en Brasil, Perú y Colombia obligan a pensar en el relevo de flota en un horizonte no tan lejano.  

En cuanto a blindados pesados vs K2, la modernización Leopard 2A4 mejora capacidades, pero el salto cualitativo de un MBT de nueva generación como el K2 en Perú pone presión para evitar que Chile confíe solo en upgrades sucesivos. 

Estamos en un escenario de competencia por tiempo de agenda y recursos, mientras vecinos anuncian grandes compras con fuerte impacto político, los programas chilenos más estructurales (CEN, política naval) son menos “vistosos” pero más de fondo. El riesgo es que, políticamente, sean subvalorados y se recorten o ralenticen.

En términos estrictamente comparados, Chile ya no está “claramente por delante”, pero tampoco está atrás. Se mueve de una posición de liderazgo tecnológico evidente a una de paridad alta con otros actores que están modernizando agresivamente.

El país sobresale por la lógica de política de Estado en dos áreas críticas: mar (construcción naval continua) y espacio (CEN). Si se sostienen, pueden darle a Chile una ventaja cualitativa que no se mide solo en número de cazas o tanques.

A su vez, la ola de compras regional obliga a Chile a mirar su planificación de mediano plazo con otra mirada que abarque en el sector de la aviación el pensar seriamente en un reemplazo o complemento al F-16 post-2030. En tierra, es necesario definir si seguirá la ruta de modernización incremental o si en algún momento se dará un salto generacional.

Y respecto a la industria, se hace necesario  conectar de forma más explícita ASMAR, ENAER, FAMAE y el CEN en una narrativa y una política única de base industrial de defensa.

Dicho de otro modo: Chile no queda desalineado frente a las grandes compras regionales, pero el entorno competitivo sube de nivel. La ventaja ya no será “tener mejores aviones o tanques”, sino cómo articule todo el sistema –industria, espacio, mando y control, entrenamiento, diplomacia de defensa– en un contexto en que varios vecinos también están dejando de ser actores puramente compradores para convertirse, poco a poco, en socios industriales de las grandes potencias.

 

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