China ha comenzado a desplegar el misil antibalístico naval HQ-26 a bordo de sus destructores Tipo 055 y consolida el papel del nuevo portaaviones Fujian, configurando una capacidad de defensa de área en alta mar que desafía la hegemonía misilística de EE. UU. y altera el balance estratégico en el Indo-Pacífico.
El HQ-26, considerado el equivalente chino al Standard Missile-3 estadounidense, transforma a la Armada del EPL en una fuerza capaz de interceptar misiles balísticos desde el mar, reforzando sus anillos A2/AD alrededor de Taiwán, el mar de China Meridional y rutas marítimas críticas. Según análisis especializados, el sistema se despliega inicialmente en los destructores Tipo 055, grandes plataformas de alta tecnología con radar y sistemas de combate pensados para defensa de grupo de batalla.
En paralelo, el portaaviones Fujian, recientemente comisionado, integra catapultas electromagnéticas y está diseñado para operar aeronaves de nueva generación, como el caza furtivo J-35 y aviones AEW tipo KJ-600. Esto multiplica la capacidad de proyección aérea china y, en un escenario de conflicto, podría retrasar o complicar la entrada de fuerzas estadounidenses en la región.
El contexto diplomático es abiertamente tenso. Tokio y Taipéi han expresado preocupación por el despliegue de un número inusual de buques chinos en mares de Asia Oriental, mientras Japón denuncia incidentes en los que aeronaves chinas habrían empleado radares de tiro sobre aviones japoneses. Pekín, por su parte, acusa a Japón de militarizar la región y justifica sus maniobras como “rutina”.
Implicancias para Chile
Aunque el Indo-Pacífico parezca lejano, la economía chilena depende críticamente de rutas marítimas que pasan por zonas de influencia china y estadounidense. La consolidación de un escudo antimisiles naval chino implica:
- Mayor capacidad de Pekín para controlar el acceso militar de terceros a ciertas áreas, lo que podría afectar la respuesta internacional ante crisis que salpican cadenas de suministro.
- Presiones adicionales sobre el sistema multilateral, en particular en foros donde Chile participa como socio de Asia-Pacífico (APEC, foros de defensa regional), y donde se discute la seguridad de rutas marítimas.
Para la política de defensa chilena, la tendencia subraya la necesidad de monitorear el impacto de la competencia naval de alta gama en normas de uso del mar, libertad de navegación y futuras reglas para operaciones con drones y misiles en el dominio marítimo.
China no solo suma barcos, suma capas de protección y proyección. El HQ-26 y el Fujian son piezas de un tablero donde la defensa antimisiles se desplaza al mar abierto. Para Chile, la clave será anticipar cómo esta rivalidad puede traducirse en vulnerabilidades para el comercio, la seguridad de los cables submarinos y la gobernanza del océano Pacífico.