Estados Unidos concluyó la misión “Pacific Partnership 2025”, un despliegue anual que combina asistencia humanitaria, cooperación médica y ejercicios con fuerzas de múltiples países aliados y socios en el Indo-Pacífico. En paralelo, la 16ª Brigada de Aviación de Combate del Ejército estadounidense destacó la intensificación de su entrenamiento para operaciones sobre el mar, integrando capacidades con la Armada de EE.UU. y aliados de la región, con el objetivo de mejorar la interoperabilidad en un entorno cada vez más disputado.
La misión “Pacific Partnership” involucra a fuerzas y equipos de Australia, Canadá, Francia, Alemania, Japón, Corea del Sur, Nueva Zelanda, Singapur y Reino Unido, entre otros, y se ha consolidado como una herramienta de “poder blando duro”: una combinación de proyección humanitaria con clara señal de presencia sostenida de fuerzas occidentales en un espacio donde China y Rusia también buscan influencia. El componente de respuesta a desastres refuerza la legitimidad del despliegue, al tiempo que permite practicar logística a gran escala, mando combinado y coordinación civil-militar.
La 16ª Brigada de Aviación de Combate, por su parte, destaca que sus ejercicios se centran en volar y combatir sobre agua, con entrenamiento conjunto junto a marinas aliadas y prácticas de comunicación con portaaviones. Este énfasis responde a escenarios de crisis en los que helicópteros y aeronaves de ala rotatoria deben operar sobre el mar para apoyar operaciones anfibias, evacuaciones o misiones de rescate en un teatro donde cualquier contingencia puede involucrar a múltiples países.
Para Chile, la evolución de estos ejercicios es relevante por dos razones. Primero, porque el Indo-Pacífico es el corredor natural de sus exportaciones a Asia, y la estabilidad de este espacio depende en gran medida de la capacidad de las marinas y aviaciones aliadas para cooperar frente a desastres, crisis sanitarias o bloqueos. Segundo, porque la experiencia de coordinación inter-agencias y de proyección de ayuda humanitaria a distancia ofrece lecciones útiles para el rol de Chile como actor regional en catástrofes en Sudamérica o en la Antártica.
Es previsible que “Pacific Partnership” continúe ampliando su lista de países participantes y el abanico de escenarios practicados, incluyendo ciberataques a infraestructura crítica y crisis climáticas extremas. Chile podría explorar, a mediano plazo, la participación como observador o socio en ejercicios focalizados en ayuda humanitaria y respuesta a desastres, reforzando su perfil de país cooperante y su vínculo con socios clave del Pacífico.