El Departamento de Defensa de Estados Unidos publicó su informe anual sobre los desarrollos militares de China, advirtiendo que las capacidades nucleares, espaciales y cibernéticas de Pekín ya suponen una amenaza directa al territorio continental estadounidense y a su infraestructura crítica, reforzando la centralidad del Indo-Pacífico en la planificación de defensa global que también impacta la posición de Chile en el sistema internacional.
El reporte describe la expansión acelerada del arsenal nuclear chino, la consolidación de constelaciones satelitales con usos duales y el empleo de la Guardia Costera y la milicia marítima como instrumentos de coerción contra Vietnam y Filipinas en el Mar de China Meridional. Entre 2024 y 2025, la Guardia Costera china llegó a abordar pesqueros vietnamitas dentro de su zona económica exclusiva e incluso a usar cañones de agua y maniobras agresivas contra buques filipinos, en un patrón que combina presión militar, económica y legal.
En el plano cibernético, el informe subraya que China ha desarrollado capacidades para atacar redes de mando y control, sistemas logísticos y sectores críticos de EE.UU. –energía, transporte, comunicaciones–, con la intención explícita de disuadir cualquier intervención en un eventual conflicto por Taiwán. Paralelamente, Washington acaba de aprobar su mayor venta de armamento a la isla, reforzando una arquitectura de defensa asimétrica que busca hacer prohibitivamente costoso un intento de invasión.
Para Chile, la lectura es que el eje central de la competencia estratégica global se consolida en el Indo-Pacífico, con efectos cascada sobre rutas marítimas, cadenas logísticas y foros multilaterales donde el país participa (APEC, alianzas con Asia-Pacífico, cooperación naval). El énfasis estadounidense en resiliencia de infraestructuras críticas y ciberdefensa también marca un estándar hacia el cual los países medianos, incluido Chile, deberán converger si quieren resguardar puertos, sistemas eléctricos y redes de datos realmente estratégicas.
En el escenario más probable, la década se definirá por una carrera silenciosa: China consolidando capacidades para negar el acceso a sus mares próximos y EE.UU. reforzando alianzas y despliegues avanzados. Para Chile, que mira al Pacífico como espacio de proyección económica, el desafío será traducir su política de “Estado ribereño responsable” en capacidades concretas: vigilancia marítima, presencia naval, ciberdefensa militar y protección de infraestructuras críticas. El Radar seguirá examinando cómo se alinean –o no– las inversiones nacionales con este nuevo estándar de riesgo global.