El gabinete japonés aprobó este viernes un presupuesto de defensa que supera los 9 billones de yenes para el año fiscal 2026, equivalente a cerca del 2 % del PIB, con prioridad en misiles de largo alcance y un sistema de drones conocido como “SHIELD”, en respuesta al deterioro de la seguridad regional frente a China y Corea del Norte.
El nuevo plan supone un aumento de 9,4 % en relación con 2025 y marca el cuarto año de una hoja de ruta quinquenal destinada a duplicar el gasto en defensa. Tokio refuerza así su capacidad de “contraataque” con misiles Type-12 modernizados, con alcance en torno a 1.000 km, y acelera su despliegue en las islas del suroeste, área crítica ante un eventual conflicto en el estrecho de Taiwán.
La otra columna del plan es el sistema “SHIELD”, una red de plataformas no tripuladas aéreas, de superficie y submarinas para vigilancia y defensa costera, que Japón espera tener operativa hacia 2028. Para ganar tiempo, el Ministerio de Defensa contempla adquisiciones iniciales a proveedores de Turquía e Israel, al tiempo que impulsa desarrollo nacional, apuntalando a la vez su industria de defensa y su ecosistema de innovación dual.
El giro estratégico se produce en un contexto de creciente fricción con Beijing. Ensayos de portaaviones chinos cerca de islas japonesas y episodios de “radar lock” sobre aeronaves niponas han generado protestas formales de Tokio y una dura respuesta retórica de China, que acusa a Japón de abandonar su tradicional perfil pacifista. La decisión de alcanzar el umbral del 2 % del PIB además responde a presiones de Washington para que sus aliados asiáticos compartan más costos de disuasión frente al eje sino-norcoreano.
Para Chile, un Japón más armado y proactivo en el Indo-Pacífico implica un entorno marítimo más denso en términos militares, precisamente en la ruta que conecta las exportaciones chilenas con sus principales socios asiáticos. También abre oportunidades y desafíos: desde la cooperación en tecnologías duales, ciberdefensa y resiliencia de cadenas logísticas, hasta la necesidad de una diplomacia más fina en foros como APEC y mecanismos de seguridad marítima donde Tokio busca ampliar su influencia.
Todo indica que Japón seguirá consolidando su rol como pilar militar del eje Estados Unidos-Indo-Pacífico, con mayor presencia en ejercicios combinados, refuerzo de bases y alianzas tecnológicas en misiles, sensores y drones. Los riesgos pasan por un incremento de incidentes en el mar de China Oriental y el entorno de Taiwán, que puedan escalar rápidamente. Para Chile, el escenario probable es un Indo-Pacífico más polarizado, donde será clave preservar una imagen de actor confiable, comprometido con el derecho internacional y capaz de dialogar tanto con los socios tradicionales como con potencias emergentes de la región.