El 28 de febrero de 2026, el Consejo de Seguridad de la ONU convocó una reunión ante la escalada EEUU–Israel vs Irán. La disputa entra en fase de presión diplomática y la guerra de legitimidad. 

La convocatoria del Consejo de Seguridad es una señal: cuando el conflicto sube de intensidad, los actores buscan “anclar” posiciones con marcos legales y coaliciones políticas. El objetivo del organismo no es sólo detener el fuego, también es definir culpables, condicionar sanciones y moldear el comportamiento de terceros (tránsito aéreo, comercio, cooperación militar). 
En esta etapa, suele crecer la competencia por evidencias (inteligencia desclasificada selectiva, narrativa de amenaza inminente, reportes de daños civiles) y el terreno se vuelve fértil para operaciones de influencia que polaricen a aliados y socios.

Para Chile, el vector principal es diplomático-económico, se puede iniciar una presión para  mostrar alineamientos públicos y se puede abrir un escenario de eventuales restricciones financieras, y exposición a shocks de precios. Mientras, en el ámbito de la defensa, aumenta el valor de tener una postura coherente a través de la  defensa de soberanía y el derecho internacional, mientras se fortalece la gestión de riesgos.

Es muy probable que existan por parte del organismo una serie de sesiones sucesivas, con iniciativas de alto al fuego, con el subyacente riesgo de que la diplomacia quede rezagada frente a hechos consumados derivados de operaciones militares propias del conflicto. 

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