Ante el fin del orden basado en reglas, las grandes potencias parecen no tener límites más allá de su poderío y voluntad para lograr sus objetivos estratégicos sobre rivales de menor cuantía. En este escenario, analizamos brevemente la situación actual de Taiwán.
En el contexto del incremento de la influencia de la República Popular China (RPC), los Estados Unidos (EE. UU.) Han focalizado su actuación a nivel global en la contención de dicha nación. En América Latina, área de vital importancia para la seguridad continental de EE.UU., se prevé un incremento en las presiones dirigidas a restringir el acceso a recursos naturales por parte de empresas chinas. Asimismo, que China establezca lazos de defensa con los países de America Latina y junto a esto está presionando para la compra de equipo militar norteamericano, para incrementar los vínculos de las fuerzas armadas de la región con los EE.UU.
En relación con Japón, la postura de China se centra en evitar su revitalización como potencia militar significativa en la región. En este contexto, la República Popular China se enfrenta a la firme determinación de los Estados Unidos de promover el compromiso de Japón con la seguridad regional, mediante el fortalecimiento de la cooperación militar y el aumento de la capacidad, especialmente en el ámbito naval. Para disgusto de la RPCH, Japón se ha posicionado como un rival estratégico y ha manifestado su interés en el mantenimiento del status quo en relación con Taiwán, estableciendo bases militares que le permitan monitorear y posiblemente intervenir en un conflicto entre la RPCH y Taiwán.
Para la RPCH: los objetivos estratégicos establecidos para el período comprendido entre los años 2015 y 2025 no han sido alcanzados. Una serie de disputas territoriales en el área del Nanhai (mar del sur de China), las islas Xiisha, disputadas con Japón y Vietnam, las Diaoyutai, en pleito con Taiwán y Japón, o las Nansha, también conocidas como Spratly, disputadas con Filipinas, Vietnam, Taiwán, Malasia, que se esperaba resolver a favor de la RPCH, se prolongan debido al poderío norteamericano. En lugar de disminuir, la presencia militar de los EE. UU. Se ha consolidado, lo que le impide el dominio del Nanhai.
Taiwán se enfrenta actualmente a la República Popular China (RPC) como una amenaza a su autonomía de facto. Cada vez que Taiwán manifiesta su voluntad de consolidar su independencia, la RPC amenaza con una intervención militar. Por ejemplo, cuando el presidente Lee Teng-hui, el primer taiwanés (no inmigrante continental) en acceder a la presidencia, expresó su deseo de declarar la independencia de la isla, la RPC alertó a las tropas estacionadas en las provincias de Guangdong y Fujian, canceló las vacaciones y permisos en la base militar, posicionó submarinos chinos frente a las costas de Taiwán, violó repetidamente el espacio aéreo e incrementó sustancialmente las patrullas de barcos de guerra en la zona, creando un patrón que se repite periódicamente. Taiwán, consciente de los peligros de una confrontación militar ante una declaración de independencia, mantiene una política de moderación y considera que su exitosa transición democrática le permite mantener el favor de la opinión pública estadounidense frente a la rigidez de la RPCH.
Al mismo tiempo, Taiwan, considera clave mantener una capacidad militar que le permita no derrotar a la RPCH, sino impedir ser derrotado antes de que se produzca una intervención de los EE.UU. en su apoyo. Taiwán posee la capacidad tecnológica para fabricar buena parte del armamento necesario para su defensa. Taiwán fabrica el avión de instrucción caza ligero AIDC T-5 Brave Eagle, misiles antiaéreos, antibuque y antitanques, armamento liviano, radares y equipamiento naval; está en proceso de construcción de submarinos, lanchas misileras, drones navales, y está desarrollando su capacidad de ataque de largo alcance para contraatacar la franja litoral de la RPCH.
Junto a esto, Taiwán ha tenido décadas para fortificar sus costas de desembarcos enemigos, ha construido bases fortificadas y refugios para sus unidades de combate, cuenta con unas fuerzas terrestres modernas y con un entrenamiento apropiado, junto a una extensa cadena montañosa en el este de la isla, lo que facilita la defensa, su costa escarpada presenta pocas playas apropiadas para grandes desembarcos anfibios; esto se une a las dificultades que para unas fuerzas armadas poderosas y con equipamiento adecuado, como las de la RPCH, pero sin experiencia ni doctrina en operaciones anfibias, presenta una operación naval de desembarco anfibio o aerotransportado (estilo Hostomel en Ucrania) sobre territorio de Taiwán
En el caso de que la RPCH lograra desembarcar en la isla, las Fuerzas taiwanesas podrían prolongar las hostilidades el tiempo necesario para forzar una intervención norteamericana. Esta posible intervención norteamericana, es, junto a la creciente disposición de Japón a frenar la expansión de la RPCH, un riesgo de consecuencias prohibitivas.
En medio del colapso del orden mundial basado en reglas, se podrá señalar que RPCH, de intervenir en Taiwán, lo hará en su área de influencia, y que la relocalización de empresas como TMC, está en tomando medidas para producir semiconductores que podrían derribar el «muro de silicio de Taiwán y su empresa TMC», pero recordemos la importancia estratégica de Taiwán como portaviones insumergible frente a las costas de RPCH, pero sobre todo el daño en la imagen estratégica, la credibilidad de las garantías de defensa que presentaría para EE.UU. frente a sus aliados regionales, abandonar a Taiwán frente a la RPCH.