El presidente serbio Aleksandar Vucic confirmó este 14 de abril que Serbia planea producir drones de combate junto a Israel para fortalecer su defensa y ampliar exportaciones de material militar. Según Reuters, el proyecto involucra a la estatal SDPR y se vincula al ecosistema de Elbit Systems, aunque sin calendario público aún.
Serbia viene modernizando sus fuerzas con una mezcla de proveedores europeos, israelíes y chinos, mientras intenta equilibrar vínculos con la UE, la OTAN, Rusia y China. En ese contexto, la coproducción de drones no es una compra más: es una apuesta por soberanía parcial en un segmento que hoy define vigilancia, ataque, artillería asistida y exportación militar.
La lectura geopolítica es que Belgrado busca reducir rezagos tecnológicos sin renunciar a su política de equilibrio. Israel aporta know-how y credibilidad operativa; Serbia aporta plataforma industrial, demanda propia y posición regional. El patrón mayor es la proliferación de asociaciones industriales para desarrollar capacidades no tripuladas fuera de los grandes polos tradicionales.
Para Chile, la señal es relevante porque muestra cómo países medianos usan la coproducción para saltar escalones tecnológicos sin cargar solos todo el costo de I+D. También refuerza una pregunta de fondo: qué nichos industriales de defensa podrían desarrollarse localmente con asociaciones externas y foco dual civil-militar.
Es probable que el siguiente paso sea definir estructura societaria, propiedad tecnológica y un primer paquete de producción. El riesgo es que el proyecto quede tensionado por la ambigüedad estratégica serbia entre Occidente y sus otros socios. Si avanza, puede convertirse en una referencia regional para exportación de sistemas no tripulados y guerra electrónica asociada.