América Latina y Chile

En América Latina, las últimas semanas consolidan un giro hacia agendas de “seguridad primero”, con reformas legales, refuerzo de capacidades militares y reacomodos políticos que reconfiguran el mapa de defensa regional.  

Informes regionales destacan una combinación de: endurecimiento legislativo contra el crimen organizado (como el proyecto de ley contra pandillas en Brasil), uso intensivo de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad pública y nuevas compras de equipamiento militar en varios países.  

En el plano político, el triunfo de opciones con plataformas de mano dura en algunos procesos electorales refuerza una narrativa donde defensa, seguridad interior y control fronterizo se entrelazan, con implicancias para derechos humanos y equilibrios civiles–militares. 

Para la política de defensa chilena, la región inmediata sigue siendo el principal entorno de referencia:

El aumento de capacidades militares y la reorientación de misiones de las FF.AA. vecinas obliga a un monitoreo constante desde el EMCO y Cancillería.

El desplazamiento del foco hacia crimen organizado trasnacional, cibercrimen y control de fronteras sugiere que la cooperación en inteligencia, ciberdefensa y vigilancia marítima será cada vez más prioritaria.

En la semana siguiente, se proyectan nuevos anuncios y debates en torno a compras militares y reformas de seguridad en la región. Para El Radar, el desafío es separar tendencias estructurales de gestos coyunturales, evitando sobredimensionar adquisiciones puntuales pero manteniendo un análisis frío de correlación de fuerzas.

En Chile, la semana cerró con dos ejes en materia de defensa: el avance en una política nacional de inteligencia artificial aplicada al sector y las ceremonias de graduación de nuevos oficiales y suboficiales en las tres ramas de las Fuerzas Armadas.  

Un documento coeditado por la Universidad Finis Terrae y el Ministerio de Defensa fue presentado como base conceptual para la futura política de IA en defensa, abordando aplicaciones en mando y control, mantenimiento predictivo, análisis de datos operacionales y ciberdefensa.  
Autoridades han insistido en que la IA no es solo una herramienta tecnológica, sino un cambio estructural en la forma de concebir operaciones y planificación estratégica.  

En paralelo, el Ministerio de Defensa destacó las ceremonias de graduación de nuevos oficiales y suboficiales del Ejército, Armada y Fuerza Aérea, subrayando el relevo generacional y la continuidad de los procesos formativos.  
A nivel de preparación, se informó también de ejercicios de ciberataque contra infraestructura sanitaria, en coordinación con la Universidad Católica y empresas de servicios básicos, lo que revela una creciente preocupación por la resiliencia de infraestructuras críticas.  

La combinación de política de IA, ejercicios de ciberseguridad y renovación de cuadros sugiere que el sistema de defensa chileno está comenzando —todavía de forma incipiente— un giro hacia capacidades tecnológicas y de resiliencia institucional. El desafío será traducir estos lineamientos en doctrina, capacitación y adquisiciones concretas.

La semana próxima estará marcada por el cierre administrativo del año y la preparación de la cuenta pública sectorial. En el Congreso, la atención se desplaza hacia reformas en seguridad ciudadana y legítima defensa, que aunque no son estrictamente de “defensa nacional”, reconfiguran el ecosistema de seguridad en el que se insertan las FF.AA.  

Considerando la información disponible en la Cámara y el Senado (que ya muestran parte de la tabla tentativa de la primera semana de enero), se proyecta en la Cámara de Diputadas y Diputados se verán los siguientes contenidos:

Continuación de la tramitación de proyectos vinculados a seguridad ciudadana y legítima defensa (Boletín 15630-07, “Modifica cuerpos legales que indica en materia de legítima defensa”), que ha sido priorizado en comisiones de Constitución y Seguridad Ciudadana. 

Sesiones previas recientes de la Comisión de Defensa dedicadas a materias de tránsito y seguridad de transporte dejan en pausa, por ahora, debates más doctrinarios de política de defensa, lo que probablemente se retome después del receso de verano.  

En el Senado, la Comisión de Defensa Nacional ha mantenido un calendario cargado en diciembre con presencia del Ministerio de Defensa y del Interior para materias de control interno y auditorías, lo que debería traducirse en informes y eventuales ajustes normativos a inicios de 2026.  

En términos prácticos, la semana inmediatamente siguiente a Navidad se caracteriza por menor actividad legislativa formal, pero por trabajo de diseño de agendas que reaparecerán en comisiones y salas a partir de la primera semana de enero.

 

OTAN, Ucrania y Rusia

En la última semana, Rusia lanzó uno de los mayores ataques combinados de misiles y drones contra Ucrania justo antes de la reunión entre Volodímir Zelenski y Donald Trump en Florida, mientras el borrador de un plan de paz de 20 puntos se declara “90 % listo” pero sigue siendo disputado.  

El ataque masivo —cerca de 500 drones y unos 40 misiles, incluidos vectores hipersónicos— golpeó infraestructura energética y barrios residenciales en Kiev y otras ciudades, dejando zonas sin calefacción en pleno invierno y obligando a Polonia a cerrar momentáneamente parte de su espacio aéreo.  
En paralelo, Zelenski viaja a EE. UU. y mantiene coordinación con líderes europeos para impulsar un plan de paz que congela las líneas de frente actuales, aborda el control de la central de Zaporiyia y propone garantías de seguridad tipo “Artículo 5” para Ucrania.  

El Kremlin rechaza las enmiendas europeas al borrador impulsado por Washington y objeta cualquier fórmula que consolide la aproximación de Kiev a la OTAN o cuestione su control de territorios ocupados.  

Para Chile, el punto crítico es doble: estabilidad del mercado energético europeo (que incide en costos logísticos y fertilizantes) y credibilidad del orden internacional basado en normas. La combinación de negociación política con escalada militar refuerza la percepción de que los acuerdos pueden ser instrumentalizados como herramienta de presión, lo que tensiona aún más los foros multilaterales donde Chile participa.

La semana que viene estará marcada por la reunión Zelenski–Trump y las reacciones de Moscú. El escenario más probable es un “proceso de paz prolongado”, con periodos de alto fuego parcial combinados con ataques selectivos a infraestructura crítica. Para la OTAN, el desafío será contener la narrativa de “fatiga de guerra” en Europa, mientras Rusia sigue usando la presión energética y militar como palanca de negociación.

Estados Unidos, hemisferio occidental y Venezuela

El Departamento de Defensa de EE. UU. publicó esta semana su informe anual sobre el poder militar de China, advirtiendo que el avance de Pekín en capacidades convencionales, nucleares y tecnologías emergentes —en particular inteligencia artificial y modelos de lenguaje— aumenta la vulnerabilidad relativa estadounidense en el Indo-Pacífico.  

El reporte destaca que China probó componentes clave para operaciones que simulan un bloqueo a Taiwán, ataques a fuerzas estadounidenses en el Pacífico y la interrupción de acceso a puertos estratégicos, mientras acelera su modernización naval y de misiles de alcance intermedio.  
El documento enfatiza, además, la integración de IA, automatización y sistemas no tripulados en doctrina y planificación, incluyendo el uso de grandes modelos de lenguaje para apoyo a la decisión, simulación de campañas y operaciones cibernéticas.  

Washington responde reforzando alianzas como AUKUS y Quad, promoviendo controles de exportación de tecnología de doble uso y ampliando su despliegue en el Pacífico occidental. Este marco conceptualiza la relación con China como “competencia estratégica prolongada”, con fuerte foco en disuasión multidominio.

La rivalidad EE. UU.–China impacta a Chile en al menos estos tres ejes:

Reconfiguración de cadenas tecnológicas (semiconductores, telecomunicaciones, IA) que afecta inversiones y proveedores.

Aumento de la sensibilidad frente a proyectos con participación china en puertos, energía y minería.

Necesidad de que la política de defensa chilena incorpore de forma explícita IA, ciberdefensa y resiliencia de infraestructura crítica, en sintonía con las tendencias globales.

En la próxima semana, el debate se centrará en reacciones de Pekín al informe y en cómo aliados de EE. UU. calibran su postura. Para Chile, el riesgo no es militar directo, sino quedar atrapado entre regímenes de control tecnológico incompatibles. La agenda de modernización de defensa y ciberseguridad nacional debería leerse a la luz de este nuevo reporte.

 

China, Taiwán y el Indo–Pacífico

En el eje China–Estados Unidos–Taiwán, la semana cierra con una escalada nítida en el frente económico-militar. Washington anunció el mayor paquete de armas a Taiwán hasta la fecha, del orden de los 10–11 mil millones de dólares, centrado en misiles de alcance medio, drones y capacidades de defensa asimétrica para complicar un eventual intento de invasión o bloqueo chino.  En respuesta, Beijing impuso sanciones a 20 empresas de defensa estadounidenses y a 10 altos ejecutivos, incluyendo grandes actores como Boeing Defense y Northrop Grumman, congelando activos en China y prohibiendo transacciones con entidades chinas.  Aunque el impacto económico directo es limitado —estas firmas casi no operan en territorio chino— el gesto es político: Beijing señala que el tema Taiwán es “línea roja” y que está dispuesto a usar instrumentos de coerción económica de forma más rutinaria.

En paralelo, el despliegue militar chino alrededor de la isla mantiene una tendencia de presión sostenida: autoridades de defensa taiwanesas reportan que, a octubre, el EPL había duplicado el número de buques y aeronaves operando en el entorno de la isla respecto de los dos años previos, consolidando un patrón de “zona gris” que combina patrullas, incursiones aéreas y ejercicios navales como forma de desgaste estratégico.  La publicación del informe anual del Pentágono sobre el poder militar chino refuerza esta lectura: el documento subraya la modernización acelerada del EPL, la expansión de su arsenal nuclear y la integración de inteligencia artificial y grandes modelos de lenguaje en las operaciones militares, lo que apunta a una mayor capacidad de mando y control en conflictos de alta intensidad.  

Más al sur, el Mar de China Meridional volvió a escalar como punto crítico. La Guardia Costera china utilizó cañones de agua contra pescadores filipinos cerca del banco de Sabina/Escoda, dentro de la zona económica exclusiva de Filipinas, dejando heridos y dañando embarcaciones.  Manila denuncia una “conducta peligrosa e inhumana” y refuerza la coordinación con Estados Unidos y socios regionales, mientras Beijing acusa a Filipinas de “distorsionar los hechos”. Estos episodios consolidan el patrón de uso de fuerzas paramilitares y guardias costeras como herramienta de control territorial sin cruzar abiertamente el umbral de guerra.

Al mismo tiempo, las potencias aliadas continúan reforzando su arquitectura militar en el Indo–Pacífico. La reunión de ministros de Defensa de AUKUS en Washington ratificó el compromiso con el programa de submarinos nucleares y con el desarrollo de capacidades avanzadas (ciber, sistemas autónomos, vigilancia de largo alcance).  Australia insiste en que cumplirá los exigentes plazos para el Submarine Rotational Force-West desde 2027, mientras universidades y complejos industriales de Australia y el Reino Unido se articulan en nuevos consorcios para acelerar I+D y formación de capital humano en defensa de alta tecnología.  

  • Profundización de la competencia de grandes potencias: el eje Washington–Beijing en torno a Taiwán y el comercio se consolida como el principal vector de inestabilidad global. Para Chile, fuertemente integrado a China como socio comercial y cada vez más expuesto a EE.UU. y Europa en materias tecnológicas y de inversión en transición energética, crece el riesgo de verse presionado a tomar posiciones más claras en foros multilaterales (ONU, APEC, foros de seguridad).
  • Impacto sobre cadenas logísticas y rutas marítimas: un conflicto o bloqueo en el Estrecho de Taiwán o en el Mar de China Meridional afectaría rutas por donde transita una porción significativa del comercio global y de los insumos industriales que alimentan sectores claves en Chile (minería, agroindustria, manufacturas). La planificación estratégica chilena debería incorporar escenarios de disrupción prolongada en esos corredores.
  • Aceleración de la carrera tecnológica militar: los avances chinos en IA aplicada a defensa, junto al impulso de AUKUS en capacidades avanzadas, tensionan las agendas de interoperabilidad y modernización de las Fuerzas Armadas de países medianos. Chile no está en el teatro Indo–Pacífico, pero sí en un entorno donde socios tradicionales (EE.UU., Reino Unido, Australia) reorientan recursos hacia esa región, lo que podría afectar disponibilidad de material, tiempos de entrega y prioridades de cooperación militar.

 

 Gaza y Medio Oriente

En Gaza, el alto el fuego acordado a principios de año sigue sometido a prueba: ataques israelíes contra zonas civiles y discusiones estancadas sobre la segunda fase del acuerdo enmarcan una semana de fuerte presión diplomática desde Ankara y otras capitales regionales.  

El 20 de diciembre, tropas israelíes mataron a seis palestinos —incluido un bebé— en un ataque contra una escuela que servía de refugio en Gaza, hecho denunciado como violación del cese al fuego vigente desde octubre.  
Pese a la tregua, informes humanitarios describen un escenario de devastación estructural, lenta reconstrucción y persistencia de operaciones militares limitadas.

En Ankara, el canciller turco Hakan Fidan se reunió con líderes políticos de Hamás para revisar la implementación de la primera fase del acuerdo y destrabar la segunda, que contempla arreglos más permanentes sobre gobernanza en Gaza y presencia de una fuerza de estabilización internacional. Hamás acusa a Israel de ataques destinados a frenar el avance del pacto y denuncia la insuficiencia de la ayuda humanitaria, especialmente en medicinas y combustible.  

En paralelo, la dimensión marítima sigue presente: los efectos acumulados de la crisis del mar Rojo —ataques hutíes a buques desde 2023 y desvío masivo de rutas por el Cabo de Buena Esperanza— mantienen la discusión sobre seguridad de rutas y costo del transporte global. Un análisis reciente proyecta que un eventual retorno gradual de los buques al mar Rojo será uno de los factores clave para el comercio el próximo año.  

En este escenario, Chile se ve afectado por tres canales principales:

El encarecimiento del flete marítimo en rutas Asia–Europa que repercute en el comercio global y en los precios finales de bienes importados.

Mayor presión sobre el sistema multilateral de Naciones Unidas, donde Chile sostiene posiciones en favor del derecho internacional humanitario.

Riesgo de que la “normalización” de operaciones militares selectivas contra actores no estatales (como los hutíes) sirva de precedente para otras regiones.

Si la segunda fase del acuerdo de Gaza no se consolida, es probable una vuelta a episodios de violencia intermitente, con impacto directo en el equilibrio regional y en el debate dentro de la OTAN sobre presencia en el Mediterráneo y el mar Rojo. Para el radar estratégico chileno, Medio Oriente sigue siendo un factor decisivo en estabilidad energética, rutas de comercio y arquitectura de seguridad global.

 

África

África combinó esta semana un hito de cooperación militar EE. UU.–Nigeria contra ISIS en el noroeste del país con señales de inestabilidad política y extremismo violento persistente en el Sahel y África occidental.  

El gobierno nigeriano confirmó ataques aéreos apoyados por EE. UU. contra dos campamentos vinculados a ISIS en Sokoto, ejecutados con drones MQ-9 y misiles de precisión, en respuesta a planes de atentados de alcance nacional. Washington enmarcó la operación como parte de la lucha global contra el terrorismo y dejó abierta la posibilidad de nuevas acciones.  

Simultáneamente, informes del Consejo de Seguridad y centros de estudios subrayan que, pese a la disminución de cobertura mediática, el Sahel sigue siendo uno de los epicentros mundiales del yihadismo, con expansión de grupos vinculados a Al Qaeda y Estado Islámico en Mali, Níger y Burkina Faso, y riesgos de contagio hacia la costa atlántica.  

En Guinea, el líder de la junta Mamady Doumbouya se perfila como favorito para las presidenciales bajo una nueva Constitución que extiende los mandatos, generando críticas por una “normalización” de regímenes militares en África occidental.  

Chile no tiene exposición militar directa, pero sí intereses en:

La estabilidad de mercados de materias primas (hierro de Simandou, hidrocarburos, fertilizantes).

La participación en operaciones de paz de la ONU y en el debate sobre terrorismo transnacional.

Diversificación de alianzas Sur–Sur, donde la credibilidad democrática es un activo comparativo frente a modelos autoritarios.

La línea de tendencia apunta a más operaciones antiterroristas selectivas con apoyo externo, sin resolver las causas estructurales de la violencia. A nivel geoestratégico, África se consolida como tablero de competencia entre potencias (EE. UU., Rusia, China, Turquía), lo que abre espacios pero también riesgos para actores medianos como Chile que busquen profundizar la cooperación en defensa y seguridad.

 

 

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