Hoy, asistimos a un mundo fragmentado que entre otras cosas, se caracteriza por mantener múltiples conflictos activos, con serias consecuencias para la economía, el mundo civil y la propia democracias, entre otros factores críticos.

Hoy vemos que la guerra y los conflictos poseen un despliegue y desarrollo de una doctrina multidominio/híbrida, muy distinta a las formas que tenía la doctrina tradicional estatal/convencional. Dónde se ubica América Latina y Chile entre estos dos paradigmas que están reconfigurando el mundo? La respuesta más acertada podría ser, que estamos intentando salir lo más pronto posible de la doctrina tradicional, porque estar en ella, hoy es una gran  desventaja. Y a futuro, nos convierte en blancos más fáciles, sobre todo cuado llegue el momento en que el conflicto ya no sea sólo sobre recursos como el petróleo, sino, por ejemplo, por las reservas de agua.

Esta nueva doctrina militar híbrida, no sólo han tenido la capacidad de reconfigurar la guerra dentro de los límites del campo de batalla, sino que la propia doctrina militar híbrida ha transformado a una gran velocidad las doctrinas geopolíticas, toda vez que las nuevas formas de guerra no sólo involucran lo militar, sino que con creciente fuerza impactan sobre cadenas logísticas como energía, minerales críticos, telecomunicaciones, puerto, satélites, IA, redes sociales, infraestructura digital, mercados financieros, entre otros.

Entre algunas características principales de la guerra híbrida podemos destacar una fuete integracionistas civil-militar, gran velocidad de adaptación, uso de drones, guerra electrónica, infraestructura crítica, ciclos cortos, innovación continua, uso intensivo de redes sociales e IA, ciberataques, entre otros.

En ese sentido, la nueva geopolítica funciona como preparación, contención e intento de control del conflicto, toda vez que la competencia estratégica permanente es parte del conflicto. Desde esa “trinchera”, se trabaja entre otras cosas, la desinformación, influencia digitalizados, dependencia tecnológica, en una coordinación veloz y con muchos actores e instituciones involucradas. Todo a una velocidad de adaptación rápida bajo doctrinas muy flexibles.

Las nuevas doctrinas geopolíticas que han derivado de la guerra híbrida, hoy se traducen en conceptos que utilizan países o aliados. Por ejemplo, el concepto utilizado por la OTAN y los Estados Unidos se denomina “Multi-Domain Operations (MDO), que básicamente busca integrar: tierra, aire, mar, espacio, ciberespacio, espectro electromagnético e información.

Un concepto muy usado en Europa es el de “Hybrid Warfare”, que describe conflictos donde no hay separación clara entre guerra y paz y que además se mezclan medios militares y no militares.

Otra denominación es la usada por países nórdicos y la OTAN, denominado “Whole-of-Government / Whole-of-Society”, que sostiene que la defensa involucra a todo el Estado y a toda la sociedad.

Y últimamente, Estados Unidos, ha sumado el concepto “Integrated Deterrence”, que integra: poder militar, economía, tecnología, diplomacia, inteligencia, ciberespacio y alianzas.

A diferencia de estas doctrinas y a grandes rasgos, la doctrina convencional se basa fuertemente en lo territorial, haciendo separaciones entre guerra, economía, política y sociedad. Un ejemplo es que antes las guerras comenzaban cuando empezaban las operaciones militares y en cambio hoy, muchos países consideran que la competencia estratégica permanente ya es parte del conflicto.

Y entre estas doctrinas de guerra y geopolíticas, surge una tercera doctrina, llamada “zona gris”, que se caracteriza porque un Estado ejerce presión estratégica, sin declarar la guerra , sin necesidad de invasión, pero degradando activamente algunas capacidades rivales como: ciberataques, campañas informativas, coerción económica, presión marítima, espionaje, manipulación política e incluso sabotaje de infraestructura.

Hoy, en Latinoamérica, principalmente estamos por decirlo de algún modo, atrapados en una doctrina clásica, principalmente determinada por factores económicos que fuerzan a que los países del continente avancen a velocidades más lentas y desiguales entre sí.

En nuestros países van muchas veces por carriles apartes, la defensa, la economía, la inteligencia y la infraestructura crítica, entre otros. Mientras que las doctrinas más modernas o híbridas entienden todo como parte del mismo sistema estratégico.

Nuestro enfoque se basa principalmente aún en la defensa territorial , soberanía clásica, estabilidad interna, con una escalada creciente a mezclarse en temas de seguridad vinculado al combate del narcotráfico, por ejemplo.

Nuestras organizaciones son de estructuras jerárquicas, ramas separadas, compartimiento institucional, baja integracionistas civil-militar. En ese sentido, la preparación está centrada principalmente en hacer frente a amenazas como conflictos interestatales tradicionales, insurgencia, narcotráfico, terrorismo y crisis internas. Eso explica, entre otras cosas, la presencia militar en ciertos territorios, usando capacidades convencionales que puedan ejercer control físico del espacio.

A eso se suma aun tema no menor, que es la velocidad, mientras que la doctrina híbrida es rápida y flexible, nuestra doctrina es lenta, con planificaciones a largo plazo y adquisiciones que pueden demorar años o décadas. 

Hacia dónde debemos avanzar? La respuesta es clara y se divide en varios componentes: por un lado está el necesario cambio de enfoque donde exista un fuerte rol del Estado, resiliencia nacional, velocidad de adaptación, preparación integral para la guerra híbrida. Aunque todavía conservamos una fuerte herencia convencional, organización sectorial, lógica institucional clásica, se ve que Chile ya comenzó a incorporar factores como infraestructura crítica, ciberseguridad, interoperabilidad, vigilancia multidominio, cooperación internacional.

El problema hoy, es que la transición tiene sus propios tiempos y sigue en deuda la adecuada y necesaria integración civil-militar.

Mientras sea está en esta etapa de tránsito, siempre estamos bajo el riesgo de caer en lo que denominamos“zona gris”, donde nos exponemos a amenazas de tipo híbrida por parte de otros Estados, como sabotajes, ciberataques, coerción económica, desinformación, espionaje, manipulación política y sabotaje de infraestructura. 

El caso chileno es particularmente sensible porque enfrenta una contradicción estratégica, que se caracteriza, entre otras cosas por poseer: una infraestructura crítica altamente concentrada, fuerte dependencia digital, una economía abierta, puertos estratégicos, minería crítica mundial, cables submarinos, dependencia energética, exposición al Pacífico, proyección antártica, entre otros.

Y poseemos riquezas que en forma creciente adquieren mayor importancia global, como el alguacilillo, litio, cobre, biodiversidad, rutas marítimas, minerales críticos, biodiversidad, entre otros. Por mientras, estamos alejados de los grandes conflictos y nueva doctrinas de guerra y geopolítcas, pero eso, más temprano que tarde esto puede cambiar.

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