Por Sebastián Dubé, Doctor en Ciencia Política, Université de Montréal

1. Los hechos y las señales

He contribuido a los procesos de selección de los programas de capital humano de Conicyt-ANID (la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo de Chile) desde 2010 y fui coordinador del área de Ciencia Política y Estudios Internacionales entre 2013 y 2015. No recuerdo un momento en que estos programas – también conocidos como Becas Chile – no hayan sido objeto de debate público. Y eso es positivo. Como toda política pública estratégica, su evaluación constante es indispensable para mejorar un instrumento clave para el futuro del país.

A finales de marzo, Ximena Lincolao, ministra de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, anunció que —por razones presupuestarias— se suspendían las convocatorias 2026 de Becas Chile para estudios de magíster y posdoctorado en el extranjero. Este anuncio volvió a abrir el debate sobre la eficiencia del programa y el acceso a estudios superiores de alta calidad en instituciones extranjeras. Debate sano, justo y necesario.

Ahora bien, las discusiones sobre Becas Chile suelen centrarse en su costo, en la cantidad de becas disponibles y en los desafíos de inserción laboral de los becarios en Chile. Sin embargo, hay un aspecto mucho menos abordado: la noción misma de retribución al país. Esta sigue anclada en una lógica territorial obsoleta. En términos simples, en la práctica se asume que solo se puede retribuir a Chile estando en Chile.

Varios datos contradicen esa premisa.

Por un lado, el registro de patentes constituye un indicador claro de la evolución de la geopolítica del conocimiento y de la investigación. Un puñado de países concentra estas solicitudes: Estados Unidos, China, Suiza, Israel, Japón, Corea del Sur e India, actuando como verdaderas locomotoras de la geopolítica de la innovación global.

Por otro lado, estos países no solo se benefician de la migración calificada hacia sus territorios, sino también de las redes internacionales que articulan investigadores, centros de estudio, laboratorios y empresas. Según la World Intellectual Property Organization (WIPO), en 2024 el 27,4% de las solicitudes de patentes a nivel mundial fueron presentadas por investigadores que no residían en el país donde se registraba la solicitud. Este dato no es anecdótico: revela una transformación estructural. La ciencia, la tecnología y la innovación operan hoy en un ecosistema global donde se desacoplan nacionalidad, lugar de investigación y producción de conocimiento.

Actualmente, las postulaciones a Becas Chile exigen una justificación sólida de la retribución al país por parte del becario o becaria. Ese principio debe mantenerse. Sin embargo, lo que sí requiere una revisión urgente es qué se entiende por retribución y dónde debe situarse el beneficiario o la beneficiaria para cumplirla. La idea de que debe estar en Chile, no en el extranjero, simplemente refleja una visión territorial rígida y burocrática que desconoce el funcionamiento contemporáneo de la ciencia, la investigación y la innovación.

En este contexto, la pregunta clave no es dónde están los talentos, sino cómo pueden retribuir.

En términos concretos, la pregunta es: ¿un investigador chileno o chilena en un laboratorio de excelencia en el extranjero genera menos valor para Chile que uno que retorna al país, pero que se vinculará a un entorno institucional con grandes limitaciones estructurales?

La respuesta es evidente y obliga a un planteamiento estratégico: Chile no puede seguir pensando la retribución bajo una lógica territorial propia del siglo XX.

2. Los impactos

Los países que lideran la innovación son aquellos que logran atraer —y retener— talento global. La evidencia es contundente. Investigaciones como las de Ricardo Hausmann, un economista venezolano profesor en Harvard, muestran una correlación directa entre migración calificada e innovación.

Frente a esta realidad, América Latina en general, y Chile en particular, enfrentan una restricción estructural. No compiten en igualdad de condiciones con los principales polos de innovación global. En este contexto, el desafío no es retener artificialmente el talento en el país, sino insertarlo estratégicamente en dichos ecosistemas.

Cuando un país no ofrece las condiciones necesarias – en un área estratégica – para que sus mejores talentos desplieguen plenamente sus capacidades, forzar su retorno no solo es ineficiente: es contraproducente.

La idea de que la retribución solo ocurre dentro del territorio nacional se ha transformado en una falacia costosa. El Estado de Chile termina en una posición triplemente perdedora:

  • financia la formación, 
  • no maximiza el retorno de esa inversión, 
  • y pierde oportunidades de presencia en los espacios donde se produce el conocimiento estratégico global. 

En un mundo donde el poder se articula crecientemente en torno al conocimiento, esta situación constituye una desventaja geopolítica mayor. La lógica actual de retribución no contribuye de manera significativa a cerrar las brechas tecnológicas entre Chile y los países más innovadores. Sin embargo, con creatividad institucional, este escenario podría revertirse.

3. Escenarios de riesgo y oportunidades

Estamos en 2026. Existen tratados comerciales que incorporan la economía digital. La exportación de servicios crece de manera acelerada. Las redes científicas son profundamente transnacionales.

En este contexto, es urgente repensar la retribución avanzando hacia mecanismos innovadores y acordes con la realidad global. Un científico o científica chilena que haya recibido una beca ANID y que accede a una posición en un centro de excelencia en el extranjero podría, por ejemplo:

  • participar en docencia online en universidades chilenas, 
  • integrar instituciones nacionales en proyectos internacionales de investigación, 
  • contribuir al desarrollo de programas de posgrado con doble titulación, 
  • dirigir o codirigir tesis desde el extranjero, 
  • facilitar la firma e implementación de convenios internacionales, 
  • proponer mecanismos de retorno económico indirecto al sistema científico chileno. 

No se trata de eliminar la retribución, sino de redefinirla estratégicamente.

La política exterior de Chile debería pensarse también como política científica. Es decir, el Estado podría identificar países socios estratégicos desde los cuales los científicos chilenos puedan cumplir eficazmente su obligación de retribución.

Conclusión

La ministra Lincolao ha señalado que Becas Chile requiere un rediseño tras casi dos décadas. Esa afirmación es correcta, pero insuficiente si se aborda únicamente desde una lógica de costos o de inserción laboral interna.

Chile necesita avanzar hacia una verdadera estrategia de geopolítica del saber, donde el valor del conocimiento no depende de fronteras físicas, sino de su inserción en redes globales.

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