El último informe del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI) confirma que el gasto militar global alcanzó su nivel más alto registrado en 2025. Europa lidera el aumento tras la guerra en Ucrania, mientras Asia y Medio Oriente profundizan su carrera armamentista. Para Chile, el impacto será directo en costos, disponibilidad y competencia por sistemas estratégicos.

El gasto militar mundial llegó a casi US$2,9 billones en 2025, según cifras difundidas este 27 de abril por el SIPRI, uno de los principales centros globales de análisis en defensa. El dato representa un nuevo máximo histórico y consolida una tendencia que ya no parece coyuntural: la seguridad volvió al centro de la política estatal y los presupuestos militares se están normalizando como prioridad estructural.

Durante décadas, especialmente tras el fin de la Guerra Fría, gran parte de Europa redujo fuerzas armadas, cerró bases y limitó inversión militar bajo la lógica de estabilidad estratégica. Ese ciclo terminó.

La invasión rusa a Ucrania en 2022 rompió el paradigma y obligó a una revisión profunda de capacidades y el resultado es visible: hay una expansión de presupuestos en Alemania, Polonia y los países nórdicos, reposición urgente de municiones y misiles, fortalecimiento de defensa aérea, modernización de fuerzas terrestres, compras aceleradas de drones y guerra electrónica, recuperación de industrias militares nacionales

Europa pasó de asumir baja probabilidad de guerra convencional a prepararse para escenarios de alta intensidad.

Estados Unidos, China y la competencia tecnológica militar

Mientras Europa rearma capacidades tradicionales, la competencia entre Estados Unidos y China empuja otra dimensión: la tecnológica.

El nuevo gasto militar se concentra crecientemente en: inteligencia artificial aplicada a combate, en autonomía no tripulada, en satélites y resiliencia espacial, ciberdefensa ofensiva y defensiva, misiles hipersónicos, sensores distribuidos y una guerra en red y mando digitalizado

Eso significa que el gasto no solo sube en volumen, también cambia en composición. Menos masa burocrática, más innovación dual y sistemas escalables.

Medio Oriente y Asia mantienen presión permanente

En paralelo, conflictos y tensiones en Middle East e Indo-Pacific sostienen la demanda militar global. Entre los conflictos recientes destaca: la guerra en Gaza y entorno regional, la rivalidad Iran–Israel, presión china sobre Taiwan, la expansión naval en el Pacífico, la militarización del Mar del Sur de China y la proliferación de drones de bajo costo con alto impacto táctico

El mercado de defensa dejó de responder solo a grandes guerras; ahora también reacciona a conflictos persistentes de intensidad variable.

Qué significa para Chile este nuevo ciclo de rearme global?

Para Chile, el récord global tiene consecuencias concretas y no abstractas. Entre ellas podemos destacar las siguientes: 

Equipamiento más caro

La demanda internacional presiona precios de aeronaves, radares, misiles, repuestos y mantenimiento.

Plazos de entrega más largos

Astilleros, fabricantes aeronáuticos y líneas de munición están priorizando clientes OTAN o pedidos masivos.

 Mayor competencia geopolítica

Las compras estratégicas ya no son neutras. Elegir proveedor implica relaciones políticas, soporte logístico y dependencia tecnológica.

Necesidad de planificación anticipada

Programas como renovación submarina, defensa aérea, helicópteros o vigilancia marítima requieren decisiones previas, no reactivas.

También ha una oportunidad para el fortalecimiento de la industrial local. Un mercado global tensionado también abre espacio para mantenimiento, integración, software, simulación y producción parcial, por ejemplo para industria nacional como ASMAR, ENAER, FAMAE,  y ecosistemas privados.

Una lectura estratégica es que Chile enfrenta una ventana crítica: seguir comprando tarde y fragmentado, o migrar hacia una lógica de política industrial de defensa con horizonte de 15 años.

La discusión ya no debería centrarse solo en “qué plataforma comprar”, sino en al menos: disponibilidad operativa real, sostenimiento logístico soberano, interoperabilidad conjunta, transferencia tecnológica, stock de munición estratégic, resiliencia cibernética y talento técnico nacional

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