Los nueve Estados con armas nucleares modernizaron y ampliaron sus arsenales durante 2025, mientras colapsan los mecanismos de control de armamentos y crecen los riesgos de error de cálculo y escalada, según la evaluación anual del Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI).

La disuasión nuclear vive un peligroso renacimiento. El Anuario SIPRI 2026, presentado en Estocolmo, concluye que los Estados dependen cada vez más de las armas nucleares como instrumentos de poder nacional, revirtiendo décadas de esfuerzos por reducir su número y su papel. Estados Unidos, Rusia, Reino Unido, Francia, China, India, Pakistán, Corea del Norte e Israel continuaron modernizando sus fuerzas nucleares en 2025, y la mayoría desplegó nuevos sistemas de armas nucleares o con capacidad nuclear durante el año.

Del inventario mundial estimado en 12.187 ojivas a enero de 2026, unas 9 745 estaban en arsenales militares para uso potencial y 4.012 se encontraban desplegadas en misiles y aeronaves. Entre 2.100 y 2.200 se mantenían en estado de alta alerta operativa en misiles balísticos, casi todas de Rusia y Estados Unidos, países que concentran cerca del 83% de las ojivas utilizables. Desde el fin de la Guerra Fría, el desmantelamiento de ojivas retiradas había superado el despliegue de nuevas armas; el SIPRI advierte que esa tendencia probablemente se invertirá en los próximos años.

«Hacer que las estrategias nacionales de defensa y seguridad dependan —o dependan más— de las armas nucleares podría aumentar significativamente los riesgos nucleares», afirmó el director del SIPRI, Karim Haggag. Hans M. Kristensen, investigador sénior asociado del instituto, fue más directo: «Al recurrir a soluciones nucleares, los Estados están creando nuevos riesgos y alimentando dinámicas de carrera armamentística»

Modernización en todos los frentes

El programa nuclear estadounidense avanza pese a dificultades de planificación y financiamiento, presionado además por el escudo antimisiles Golden Dome de la administración Trump, cuyo costo se estima en 1,2 billones de dólares. Rusia sufrió un nuevo fracaso del ICBM Sarmat, pero declaró exitosa la prueba del misil de crucero de propulsión nuclear Burevestnik a más de 14 000 kilómetros, y construye en Bielorrusia una base para su misil de alcance intermedio Oreshnik, ya empleado con ojivas convencionales contra Ucrania.

China es el actor que crece más rápido: alcanzó unas 620 ojivas y ha cargado cientos de misiles en tres grandes campos de silos, pudiendo igualar en número de ICBM a Washington o Moscú hacia fines de la década. Reino Unido comprará 12 cazas F-35A con capacidad nuclear para sumarse a la compartición nuclear de la OTAN, revirtiendo la desnuclearización de la Royal Air Force de los años noventa, y Francia ordenó aumentar sus ojivas y dejará de publicar el tamaño de su arsenal. Completan el cuadro la expansión de India y Pakistán —que protagonizaron un breve conflicto armado en mayo de 2025—, las cerca de 60 ojivas de Corea del Norte y la ampliación del complejo israelí cercano a Dimona.

Control de armas en ruinas

El deterioro institucional agrava el panorama. El tratado New START, último acuerdo bilateral que limitaba las fuerzas estratégicas de Estados Unidos y Rusia, expiró en febrero de 2026 sin sucesor, y la Conferencia de Examen del Tratado de No Proliferación cerró el 22 de mayo sin documento final por tercera vez consecutiva. «Es otro golpe al gran pacto que sustenta el tratado: que otros Estados no desarrollarán sus propias fuerzas nucleares si los Estados con armas nucleares avanzan hacia el desarme», señaló Haggag. En paralelo, varios Estados europeos, incluida Alemania, exploran acuerdos de compartición nuclear con Francia y Reino Unido.

A la menor transparencia y la pérdida de canales diplomáticos se suma, según el investigador Matt Korda, la deriva autoritaria en algunos Estados nucleares: «Ya no podemos asumir que los líderes recibirán datos precisos durante crisis nucleares, ni que actuarán racionalmente durante periodos de tensión elevada». Para Haggag, el resurgimiento de la guerra entre Estados tecnológicamente avanzados y el deterioro de las alianzas de Estados Unidos alimentan un ciclo que se retroalimenta y que, de no frenarse, podría socavar la estabilidad estratégica global.

Fuente: Anuario SIPRI 2026, Stockholm International Peace Research Institute (www.sipri.org)

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