Alemania presentó este 22 de abril su nueva estrategia militar y mantuvo la meta de una fuerza de 460.000 efectivos, incluyendo 200.000 reservistas, mientras el ministro Boris Pistorius reafirmó la ambición de convertir al país en la fuerza convencional más potente de Europa. Berlín, además, dejó explícito que la automatización y la inteligencia artificial pasarán a influir en el tamaño y perfil de su personal militar.
El dato central no es solo cuantitativo. Alemania está institucionalizando una transición estratégica: el nuevo documento no se plantea como una foto fija, sino como un marco adaptable a una amenaza rusa persistente y a una guerra futura más automatizada. Eso indica que Berlín ya no está discutiendo únicamente presupuesto o reclutamiento, sino la arquitectura de fuerza que deberá sostener a Europa en un escenario de menor previsibilidad y menor dependencia de Estados Unidos.
Para nuestro país, el movimiento es relevante de seguir ya que este escenario refuerza la tendencia de militarización tecnológica europea, con impactos en doctrina, adquisiciones y estándares industriales que después se exportan al resto del mundo. Segundo, porque esta decisión acelera la competencia por sistemas, municiones, sensores y software de defensa en mercados donde Chile también participa. Y por último, porque el anuncio confirma que la variable “IA + fuerza convencional” ya no es experimental, sino estructural. El escenario probable es una Alemania más exigente con su base industrial y más activa en seguridad continental; el riesgo es que esa expansión puede poner en tensión las cadenas logísticas globales y se encarezcan las capacidades que terceros países aún consideran accesibles.
