Europa comenzó a tratar la defensa civil como un problema estratégico de primer nivel. Ya no se limita a emergencias, catástrofes naturales o planes de evacuación. El nuevo enfoque integra guerra híbrida, sabotaje, ciberataques, presión sobre infraestructura crítica, campañas de desinformación y capacidad del Estado para seguir operando bajo crisis prolongadas.
El giro quedó expuesto en un reciente análisis del International Institute for Strategic Studies (IISS), que advierte que la resiliencia nacional depende de una lógica de “sociedad completa”: Estado, empresas, gobiernos locales y ciudadanía preparados para sostener funciones esenciales frente a amenazas complejas.
Para Chile y América Latina, el debate europeo no es distante. Es una señal temprana sobre cómo está cambiando la seguridad global. Durante décadas, la defensa se asoció principalmente a Fuerzas Armadas, fronteras y capacidad bélica. Hoy el mapa es distinto. Un país puede ser desestabilizado sin una invasión formal: ataques a redes eléctricas, interrupción logística, caída de telecomunicaciones, manipulación informativa o sabotaje digital pueden generar efectos estratégicos inmediatos.
Europa comenzó a internalizar esa realidad tras la guerra en Ucrania y el deterioro del entorno geopolítico. El concepto de defensa civil moderna incorpora:
- Protección de infraestructura crítica
- Respuesta ante ciberataques
- Continuidad operacional del Estado
- Resiliencia logística y energética
- Protección del entorno informativo
- Coordinación civil-militar
- Preparación ciudadana ante crisis
La señal es clara: un país fuerte no solo resiste militarmente, también sigue funcionando bajo presión.
El escenario de Chile
Chile posee ventajas comparativas: institucionalidad relativamente estable, experiencia en gestión de desastres naturales y capacidad técnica en ciertos sectores estratégicos. Sin embargo, también mantiene vulnerabilidades relevantes, como: una alta dependencia de redes digitales y telecomunicaciones, una concentración territorial de infraestructura crítica, dependencia logística externa en sectores sensibles, fragmentación entre seguridad pública, defensa y ciberseguridad, escasa doctrina sobre defensa del entorno informativo.
Nuestro país ha avanzado en el tema, principalmente a través de la llamada Ley de Infraestructura Crítica, publicada en 2023, que modificó la Constitución para permitir que las Fuerzas Armadas protejan infraestructura estratégica del país cuando exista peligro grave o inminente, sin necesidad de decretar estado de excepción constitucional.
La Ley de Infraestructura Crítica en Chile parece ser insuficiente si vemos con atención los factores y escenarios de los actuales conflictos. Es insuficiente si se la compara con el enfoque contemporáneo de defensa civil y resiliencia estatal que está impulsando el International Institute for Strategic Studies, especialmente en su análisis 2026 sobre Europa. La diferencia central está en que Chile entiende infraestructura crítica principalmente como custodia física y orden público, mientras que Europa empieza a entenderla como continuidad nacional bajo crisis mayor.
En Chile predomina una lógica de resguardo militar puntual y se debe principalmente a que la reforma chilena nació en un contexto marcado por violencia rural y sabotaje, presión migratoria en fronteras y una necesidad de desplegar FF.AA. sin estado de excepción Por eso el diseño chileno se concentra en: protección de instalaciones, control perimetral, apoyo logístico y presencia disuasiva.
Debemos aprovechar las lecciones que están dejando los nuevos conflicto y comenzar a preparar a corto plazo un Catastro real y dinámico de infraestructura crítica nacional, realizar ejercicios interagenciales, establecer protocolos Estado-privados y generar estándares mínimos de redundancia.
Concluida esa etapa inicial nos permitirá como país construir una Estrategia Nacional de Resiliencia, Configura una Defensa Civil moderna, preparar adecuadamente reservas logísticas críticas y establecer las condiciones para que exista continuidad de gobierno digital y física.
Sólo de este modo tendremos una cultura ciudadana de preparación, una educación nacional de emergencias complejas y una real integración defensa-seguridad-industria.
El llamado es a transitar dede una ley de protección hacia una arquitectura de supervivencia nacional.
