El Pentágono enfrenta una creciente presión política y de seguridad luego que el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) confirmara haber recibido reportes sobre actores adversarios que estarían utilizando datos comerciales de geolocalización para rastrear o vigilar a militares estadounidenses desplegados en teatros operacionales. La advertencia, revelada en una carta impulsada por el senador Ron Wyden, expone cómo el ecosistema global de publicidad digital y corretaje de datos se está transformando en una amenaza concreta para la seguridad nacional y la protección operacional de las fuerzas armadas.
La revelación constituye la primera confirmación oficial conocida de que fuerzas estadounidenses habrían sido objeto de seguimiento en zonas activas de despliegue mediante información comercial de ubicación obtenida desde teléfonos móviles, aplicaciones y plataformas digitales. Según la comunicación enviada al Pentágono por legisladores demócratas y republicanos, el problema no se limita a privacidad individual: los datos permiten reconstruir patrones de movimiento, zonas de concentración de tropas, hábitos logísticos y comportamiento operacional.
La preocupación se concentra especialmente en el área de responsabilidad de CENTCOM, que incluye Medio Oriente y el Golfo Pérsico, escenario donde Washington mantiene tensiones permanentes con Irán y donde existen despliegues navales, bases aéreas y fuerzas especiales estadounidenses. Legisladores estadounidenses advirtieron que esta información podría ser utilizada para facilitar ataques con drones, misiles, artefactos explosivos improvisados o acciones de contrainteligencia.
El núcleo del problema radica en la llamada “economía de vigilancia” digital. Miles de aplicaciones móviles recopilan datos de ubicación de usuarios mediante permisos activados muchas veces de manera automática. Esa información posteriormente es comercializada por empresas intermediarias —data brokers— que agregan, clasifican y revenden enormes volúmenes de datos a terceros, incluyendo compañías de marketing, firmas de análisis e incluso entidades extranjeras.
El fenómeno no es nuevo. Ya en 2016 se conoció un caso en que datos comerciales permitieron rastrear movimientos de fuerzas especiales estadounidenses desde bases en EE.UU. hacia instalaciones sensibles en Siria. Más recientemente, investigaciones periodísticas realizadas por Wired y medios alemanes reconstruyeron desplazamientos de personal vinculado a instalaciones militares y de inteligencia estadounidenses en Europa utilizando bases de datos adquiridas comercialmente.
La diferencia ahora es el reconocimiento oficial del riesgo por parte de estructuras militares estadounidenses. El caso además coincide con advertencias más amplias sobre espionaje digital y targeting híbrido. Reportes recientes han señalado que actores estatales ligados a Rusia, Irán, Corea del Norte y China están intensificando operaciones dirigidas contra personal del sector defensa, incluyendo campañas sobre dispositivos personales y redes civiles.
La controversia también abrió un frente político y tecnológico dentro de Estados Unidos. Legisladores cuestionaron que el Pentágono no haya aplicado medidas más agresivas para reducir exposición digital del personal militar. Entre las recomendaciones planteadas aparecen:
- Desactivar identificadores publicitarios en dispositivos oficiales.
- Restringir geolocalización en zonas operacionales.
- Limitar aplicaciones comerciales.
- Revisar uso de navegadores considerados altamente recolectores de datos.
- Fortalecer políticas BYOD (“Bring Your Own Device”).
- Crear estándares especiales para fuerzas desplegadas.
Los escenarios que se configuran tienen relación con uneEndurecimiento regulatorio sobre brokers de datos, ya que Estados Unidos podría avanzar hacia restricciones más severas sobre comercialización de información de ubicación, especialmente respecto de instalaciones críticas, funcionarios públicos y personal militar.
Otra configuración es que escale una militarización de la ciberseguridad personal, donde las fuerzas armadas podrían comenzar a tratar teléfonos móviles, aplicaciones y redes publicitarias como amenazas operacionales equivalentes a vectores clásicos de inteligencia.
A su vez, parece inevitable la expansión global del problema, toda vez que aliados OTAN y países socios probablemente revisarán exposición digital de tropas, policías y funcionarios estratégicos.
Lo que no podemos negar es que nos encontramos frente a un auge del llamado “targeting híbrido”, en el cual actores estatales y no estatales podrían combinar OSINT, inteligencia comercial, IA y vigilancia digital para identificar vulnerabilidades humanas en tiempo real.
