Taiwán, Oriente Medio y la inteligencia artificial concentran la atención sobre el encuentro de defensa convocado en Beijing. China busca ampliar su influencia en la discusión estratégica y ofrecer al Sur Global un espacio para intervenir en decisiones que las grandes potencias han dominado durante décadas.
La disputa por el poder internacional también se libra en los espacios donde se definen las amenazas y se proponen las respuestas. Con la decimotercera edición del Foro de Xiangshan, China busca consolidar una plataforma propia de diplomacia de defensa, en un escenario atravesado por conflictos regionales y competencia tecnológica. La apuesta tiene una dimensión política: fortalecer su capacidad para convocar y fijar prioridades en la discusión sobre seguridad mundial.
El encuentro está programado del 15 al 17 de septiembre en Beijing. Según el Ministerio de Defensa chino, se espera la participación de delegaciones oficiales de cerca de cien países, regiones y organizaciones internacionales, incluidos más de sesenta representantes de nivel ministerial o jefaturas militares. Estas cifras corresponden a la convocatoria anunciada por el organizador.
La agenda combina estabilidad estratégica, conflictos regionales, seguridad de Asia-Pacífico y participación de los países en desarrollo. También contempla rutas marítimas, aplicaciones militares de tecnologías emergentes y seguridad espacial. La amplitud del programa permite observar una ambición que supera el intercambio entre uniformados: conectar defensa, desarrollo y capacidad de decisión internacional.
Para los países del Sur Global, esa apertura ofrece una oportunidad, siempre que su participación permita introducir prioridades propias y no se limite a respaldar posiciones previamente definidas por las potencias.
Taiwán será uno de los asuntos más sensibles. Beijing considera a la isla parte de su territorio y no ha descartado recurrir a la fuerza; las autoridades taiwanesas sostienen que su futuro corresponde decidirlo a su población. Estados Unidos mantiene un papel central como proveedor de armamento de Taipéi. Estas posiciones enfrentadas sitúan la prevención de una escalada entre los desafíos inmediatos del diálogo.
Desde la perspectiva china, el involucramiento estadounidense constituye una interferencia en un asunto de soberanía. Esa posición fue reiterada por su Cancillería el 14 de septiembre. Su exposición en un foro internacional permite a Beijing discutir el problema desde sus propios fundamentos políticos.
Pero una plataforma de diálogo debe servir también para reducir riesgos. La firmeza de las posiciones nacionales necesita acompañarse de comunicaciones militares confiables y mecanismos para impedir que un incidente desencadene una confrontación mayor. La utilidad de Xiangshan dependerá, en parte, de cuánto contribuya a ese objetivo.
Oriente Medio plantea otro examen. Los organizadores anunciaron encuentros a puerta cerrada sobre esa región y Ucrania, concebidos para facilitar intercambios entre participantes con posiciones diferentes. La existencia de estos espacios no acredita negociaciones formales ni acuerdos, pero ofrece una posibilidad de contacto que merece seguimiento.
En ese sentido, el 14 de septiembre, China manifestó preocupación por las víctimas civiles y los daños a infraestructura energética en Yemen y el mar Rojo. Su Cancillería rechazó los ataques contra instalaciones esenciales para la población y pidió una salida política y diplomática.
Esa posición aporta un criterio para evaluar cualquier propuesta de seguridad: la protección de las personas y de sus condiciones de vida. Un debate concentrado exclusivamente en disuasión, despliegues y control territorial resulta insuficiente cuando la destrucción de infraestructura prolonga los efectos de la guerra sobre la población.
La inteligencia artificial introduce una disputa adicional: quién establece los límites de su utilización militar. El programa de Xiangshan incluye expresamente los riesgos y la regulación de las tecnologías emergentes. Allí debería examinarse qué decisiones requieren control humano, cómo se comprueba la fiabilidad de los sistemas y quién responde por sus consecuencias.
No son preguntas abstractas. Una investigación sobre armas autónomas identifica problemas de imprevisibilidad, falta de transparencia y fiabilidad operacional que pueden comprometer el control y aumentar el riesgo de consecuencias involuntarias. El trabajo advierte que superar pruebas no garantiza un comportamiento seguro en condiciones reales.
Beijing ha defendido una cooperación en IA abierta e inclusiva y ha cuestionado los discursos que presentan el avance tecnológico chino como una amenaza por definición. Esa posición desafía una lógica de competencia en la que preservar la ventaja nacional puede desplazar la discusión sobre riesgos compartidos. También compromete a China a demostrar cómo traduce sus principios en prácticas verificables.
China ofrece una tribuna para disputar la agenda internacional de seguridad. Su valor deberá medirse por la capacidad de escuchar diferencias, sostener contactos y promover compromisos concretos. La multipolaridad será más relevante para el Sur Global cuando amplíe su capacidad de decisión, además de diversificar los lugares donde se reúne.
Para más información, puedes acceder al sitio oficial con contenidos en español del Foro de Xiangshan
Fotografia: CGTN

