Por: José Díaz Gallardo, Historiador
El reciente mensaje (03.09) del presidente Javier Milei respecto a las islas Malvinas representan más un cambio en la política de su gobierno, que un hito en la situación estratégica del archipiélago. Las elecciones generales de octubre del 2027, el tardío nacionalismo que evidencia el anuncio, así como las febles razones que se invocan avalan esta afirmación. En el largo plazo, es una iniciativa que logrará muy poco en el plano estratégico. En la agenda política interna es donde se debe buscar sus mayores resonancias.
Las propuestas de Milei habrían estado motivadas por los avances de empresas británicas e israelíes en la explotación de yacimientos de hidrocarburos a 200 kilómetros de las islas (proyecto Sea Lion). Al respecto se plantea endurecer las sanciones a las empresas y a sus dueños que directa e indirectamente estén involucradas en estas actividades comerciales. Se debe destacar que parte de está normativa rige desde el 2010, pero que no ha sido aplicada por ¡su propio gobierno! Se trata de leyes dictadas durante los gobiernos de los presidentes Cristina Fernández y Alberto Fernández.
Las otras dos medidas importantes son la creación de un Consejo de Seguridad Nacional y la construcción de una nueva base en Tierra del Fuego. La primera es materia de ley, y articularia la labor de la Cancillería, Defensa, Inteligencia y Economía. Como han señalado especialistas trasandinos, este Consejo reúne organismos tanto de seguridad externa como de seguridad interna, una cuestión que parecía resuelta definitivamente en Argentina. La otra noticia importante es un decreto que entrega recursos para la construcción de una base naval integrada en la isla de Tierra de Fuego (isla compartida con Chile). Esta esfuerzo requerirá recursos propios, ya que no se trata de la abandonada base que hace un tiempo se dijo que compartirían con las fuerzas armadas de los EE.UU.
Es la primera vez en tres años de gobierno que Milei se refiere en detalle a la reivindicación de las islas Malvinas. El intempestivo nacionalismo ha sido destacado, que subraya que nunca estuvo entre sus preocupaciones el destino de las islas, ni fue activo en propuestas para su recuperación. Incluso más, su admiración por la primer ministra Margaret Thatcher lo llevó en ocasiones a realizar afirmaciones que ofendieron a los veteranos de una guerra que costo 649 vidas argentinas y 255 británicas.
La declaración no sólo pretende romper el status quo, al subir el costo de la permanencia del Reino Unido en las islas a través de una presión económica, política y geopolítica, sino también aprovechar una supuesta coyuntura favorable que se desprendería de declaraciones realizadas por el presidente Trump. Confundir una presión esporádica al Reino Unido con un gesto a Argentina, aunque sea la de Milei, puede ser un gran error; como puede ser basar una estrategia de está importancia en las cambiantes expresiones, por decir lo menos, del presidente de EE.UU.
El respaldo de los EE.UU. al Reino Unido en la guerra de Las Malvinas (1982) es reconocido como una de las variables determinantes en la victoria de las tropas británicas. La potencia hemisférica no tiene aliado más estrecho en Europa, y probablemente en el mundo, que su madre patria el Reino Unido. Las diferencias actuales son sólo coyunturales, pasajeras, y no reflejan los intereses nacionales de ambas potencias. Como se recordará, fue de manual la equivocación que cometió la Junta militar argentina respecto de la posición que tomarían los EE.UU. en el conflicto del Atlántico Sur.
En un contexto en que los EE.UU. están preocupados por contener la “expansión” geopolítica de la República Popular China en todos los escenarios globales, y especialmente en nuestro hemisferio, el control del Atlántico Sur y su proyección antártica esta infinitamente mejor cubiertas con la presencia del Reino Unido en las islas, y no con una Argentina cuyas fuerzas armadas con frecuencia presentan problemas presupuestarios y logísticos.
Una de las cosas que más sorprende es la referencia que hace Milei a las Naciones Unidas y su órgano dedicado a los procesos de descolonización en el mundo, ya que como todos los dirigentes de las “nuevas” ultras derechas el presidente Milei ha sido un destacado impugnador de la labor del organismo internacional; de allí que se formule la plausible sospecha que este viraje en su política exterior este motivado por las próximas elecciones presidenciales.
Todo indica que los cambios en la política del gobierno de Milei respecto a la reivindicación de las islas Malvinas tiene por finalidad el consumo interno, incluso estrictamente político electoral. Obviamente, las Iniciativas de ley y reglamentarias que presente tensionara la agenda doméstica y será un desafío para la oposición política interna. Sin embargo, postular que podrán incidir en la soberanía de las islas, al menos en el corto y mediano plazo parece poco realista.
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