La Fuerza Aérea de los Estados Unidos encargó el 5 de junio un segundo lote de Joint Strike Missiles al fabricante noruego Kongsberg, el único proyectil de largo alcance diseñado específicamente para operar desde los compartimentos internos del F-35. La decisión tiene implicancias directas para países que operan o evalúan incorporar la plataforma.

En una adjudicación de fuente única publicada el 5 de junio de 2026, la Fuerza Aérea de los Estados Unidos entregó a Kongsberg Defence & Aerospace de Noruega un contrato de precio fijo por 240.904.098 dólares para la producción del segundo lote del Joint Strike Missile (JSM). El misil, un proyectil crucero de largo alcance con perfil de vuelo rasante, capacidad anti-buque y navegación por GPS y terreno, fue concebido para integrarse en los compartimentos internos de armas del F-35 sin comprometer su firma radar reducida. La decisión refuerza la posición del JSM como munición de preferencia para la variante A del cazabombardero de quinta generación, la misma que Chile evalúa para modernizar su Fuerza Aérea.

El Joint Strike Missile es resultado de dos décadas de desarrollo conjunto entre Kongsberg y Raytheon —hoy RTX—, orientado a dotar al F-35 de una capacidad de ataque terrestre y naval de largo alcance que pudiera operar sin exponer la aeronave al radar enemigo. A diferencia de otros misiles aire-superficie que se portan externamente, el JSM fue diseñado desde el inicio para caber en el compartimento interno de armas del F-35A, lo que le convierte en la única munición de su clase compatible con la aeronave en configuración sigilosa.

El contrato de Lote 2 cubre la producción de proyectiles completos con contenedores, hardware de prueba e ítems de soporte. El trabajo se ejecutará íntegramente en las instalaciones de Kongsberg en Noruega y debe concluir antes del 30 de noviembre de 2028. El financiamiento proviene de partidas de adquisición de misiles de los años fiscales 2024 y 2025, lo que evidencia un proceso de planificación de mediano plazo con continuidad asegurada.

La adjudicación como “sole-source” —sin competencia— refleja la exclusividad tecnológica de Kongsberg en este segmento y el nivel de dependencia operacional que la USAF ha asumido con el misil noruego. Ello también implica que cualquier nación que opere F-35A y quiera dotar a su plataforma de capacidad de ataque de largo alcance en modo sigiloso tendrá que negociar directamente con Kongsberg bajo condiciones que el proveedor define en gran medida unilateralmente.

Paralelamente, el 14 de mayo de 2026, Noruega canceló un contrato previo de JSM con Malasia por Naval Strike Missiles, en un caso que ilustra cómo las relaciones geopolíticas influyen sobre los programas de exportación de armamento incluso cuando los contratos ya están firmados.

Escenarios posibles

Escenario 1 — Consolidación del JSM como estándar F-35: Los aliados de la OTAN y los socios de seguridad del F-35 adoptan el JSM como munición de cabecera para misiones aire-tierra y anti-buque. Esto convierte a Kongsberg en un proveedor estratégico de primer orden, con mayor influencia sobre los términos de exportación y transferencia tecnológica.

Escenario 2 — Diversificación de munición por operadores no-OTAN: Países que adquieren el F-35 fuera de la alianza atlántica —como potencialmente Chile— podrían optar por municiones externas compatibles con la aeronave, sacrificando la baja firma radar pero ganando autonomía de abastecimiento y menor costo unitario. Esto abriría espacio a misiles de fabricantes alternativos.

Implicancias para Chile

La Fuerza Aérea de Chile lleva varios años evaluando la renovación de su flota de combate, con el F-35 como una de las opciones centrales en análisis. Si Chile avanza en esa dirección, la decisión sobre munición no puede tratarse como un asunto secundario: determina la capacidad operacional real de la plataforma y los costos de ciclo de vida del sistema.

El JSM tiene un precio unitario estimado que oscila entre los 2 y 3 millones de dólares por proyectil, lo que implica que dotar a una flota de operación con un inventario mínimo de munición representa un costo significativo adicional al del avión. Para el Estado Mayor Conjunto y el Ministerio de Defensa, este es un dato presupuestario que debe integrarse desde la fase de análisis de requisitos, no al momento de la negociación final.

Desde la perspectiva industrial, el contrato Kongsberg confirma que la producción de misiles de precisión para plataformas de quinta generación está concentrada en pocos actores europeos y norteamericanos, con escasa posibilidad de transferencia tecnológica sustantiva. Chile debe evaluar, en el contexto de su política de industria de defensa, si conviene apostar por integración operacional con estos sistemas o si existe espacio para desarrollar capacidades nacionales complementarias.

El Comité de Adquisiciones de la FACh, la Subsecretaría de Defensa y la Comisión de Defensa del Senado deben seguir este programa con atención, dado que sus decisiones de producción en 2026-2028 determinarán la disponibilidad de munición para los próximos operadores del F-35.

El contrato del JSM no es solo una decisión de adquisición; es una señal doctrinaria. La USAF está apostando por una capacidad de ataque de largo alcance, sigilosa y multidominio para el F-35, en un entorno operacional donde la guerra electrónica y las defensas antiaéreas avanzadas hacen inviable el ataque convencional. Para Chile, que opera en un vecindario regional con capacidades aéreas en modernización, entender esta tendencia no es un ejercicio académico: es una necesidad estratégica.

 

 

Foto: Wikipedia

 

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