El presidente Kast encabezó esta mañana en Talcahuano la botadura al mar del LPD-93 Magallanes, primer buque multipropósito del Proyecto Escotillón IV Fase 1 construido íntegramente por ASMAR. Con 110 metros de eslora, 7.987 toneladas y propulsión diésel-eléctrica, el navío concentra en un solo casco capacidades anfibias, logísticas, de respuesta humanitaria y de proyección antártica. Su entrega a la Armada está prevista para 2027.

La Armada de Chile alcanzó hoy, 18 de junio de 2026, un hito histórico en su programa de construcción naval nacional: el buque multipropósito LPD-93 Magallanes fue botado al mar en las instalaciones de Astilleros y Maestranzas de la Armada (ASMAR) en Talcahuano, en una ceremonia encabezada por el presidente de la República, José Antonio Kast. El LPD-93 es el primero de dos buques del Proyecto Escotillón IV Fase 1, un programa que desde su inicio simbólico el 27 de febrero de 2022 marcó un cambio de paradigma en la política de industria de defensa de Chile: construir en el país una unidad naval de alto tonelaje con participación de la industria nacional, bajo supervisión y gestión de ASMAR Talcahuano. Con más del 75% de avance en su construcción al momento de la botadura, la unidad completará su equipamiento y pruebas en el mar durante los próximos meses, con entrega prevista para 2027.

Un buque para todas las misiones del mar del sur

El LPD-93 Magallanes es, por sus capacidades integradas, el buque más versátil que ha construido Chile en su historia naval. Sus dimensiones —110 metros de eslora, 21,8 metros de manga, 13,8 metros de puntal y 7.987 toneladas de desplazamiento— lo posicionan en la categoría de buque anfibio multipropósito de tamaño mediano, una tipología que las marinas occidentales han priorizado en la última década por su flexibilidad operacional.

El sistema de propulsión diésel-eléctrica entrega 11.200 kW para la propulsión principal y 6.000 kW de potencia eléctrica, permitiendo una velocidad máxima de 17 nudos y una velocidad económica de 12 nudos, con una autonomía de 30 días y un alcance de 7.000 millas náuticas. Estos números no son menores: significan que el Magallanes puede operar sin reabastecimiento entre Talcahuano y la Antártida, o entre Valparaíso y las Islas Galápagos.

Las capacidades operacionales del buque integran cuatro misiones primarias. Como unidad de apoyo logístico, puede transportar tropas, vehículos, materiales y suministros a distancias oceánicas. Como plataforma de respuesta humanitaria y asistencia ante desastres (HADR), está diseñado para actuar como hospital flotante y base de operaciones en zonas de catástrofe donde la infraestructura costera ha sido dañada —una capacidad crítica para un país con alta sismicidad y vulnerabilidad ante tsunamis. Como unidad anfibia, puede desplegar tropas y material mediante su lancha de desembarco LCM —fabricada por la empresa nacional Asenav con capacidad de 30 toneladas— hacia playas sin infraestructura de muelle. Y como plataforma aérea, puede operar helicópteros Airbus Cougar, Airbus Dauphin y Sikorsky Black Hawk, además de vehículos no tripulados de despegue vertical (VTOL).

En materia de autodefensa, el Magallanes contará con dos estaciones de armas remotas (RWS) con cañón de 20 mm en la proa y dos RWS con ametralladora de 12,7 mm en la popa, configuración suficiente para operaciones en entornos de amenaza media pero que no lo convierte en una unidad de combate naval directa.

La dimensión industrial: una demostración de capacidad nacional

La construcción del LPD-93 Magallanes no es solo un logro naval: es la demostración más ambiciosa hasta la fecha de la capacidad de la industria de defensa chilena para ejecutar un proyecto de alta complejidad. ASMAR Talcahuano gestionó la construcción de una unidad de casi 8.000 toneladas, integrando tecnología de propulsión diésel-eléctrica, sistemas de armas remotas, habilitación para operaciones aéreas y capacidades antárticas, en un plazo de cuatro años desde la quilla.

El proyecto incorporó participación de industria española —SP Consultores y Servicios, entre otras firmas— en sistemas de acceso de carga y equipamiento especializado, así como las lanchas de desembarco fabricadas por Asenav en Chile. Este modelo de integración —nucleo ASMAR con componentes internacionales y participación de industria privada nacional— prefigura el modelo que el Ministerio de Defensa ha declarado querer consolidar en su visión industrial para el período 2026-2030.

El Escotillón IV y el segundo buque

El Proyecto Escotillón IV Fase 1 contempla la construcción de dos buques multipropósito. El segundo —cuyo nombre no ha sido anunciado públicamente— está en etapa de construcción avanzada en las mismas instalaciones de ASMAR Talcahuano. La entrega del segundo buque está proyectada para el período 2028-2029, lo que significa que la Armada de Chile contará con dos unidades de esta capacidad operacional dentro de los próximos tres años.

La capacidad conjunta de ambos buques redefine la logística naval chilena: dos plataformas con autonomía de 7.000 millas náuticas y capacidad anfibia permiten desdoblar la presencia naval del país en el Pacífico Sur, el Océano Antártico y —en caso de emergencia regional— en cualquier punto de América Latina donde se requiera asistencia humanitaria o evacuación de nacionales.

La presencia del presidente Kast en la botadura es políticamente relevante: representa el respaldo del Ejecutivo al programa de construcción naval nacional y, en un sentido más amplio, a la visión de que Chile debe desarrollar capacidades de defensa propias antes que depender exclusivamente de la adquisición externa. La Cuenta Pública del Ministerio de Defensa para 2026 reiteró la apuesta por el modelo “triple hélice” —Estado, academia e industria— como arquitectura para el desarrollo de la industria nacional de defensa.

La botadura del LPD-93 Magallanes tiene implicancias en cuatro dimensiones simultáneas. En lo operacional, la Armada de Chile obtiene una plataforma que amplía su capacidad de presencia soberana en el Pacífico Sur y en la Antártida, con una autonomía que ninguna unidad actual de su flota posee. En lo industrial, ASMAR demuestra que Chile puede construir buques de alto tonelaje con tecnología integrada, lo que eleva el estándar de lo que el país puede producir para su propia defensa y potencialmente para terceros. En lo doctrinario, el Magallanes cambia el cálculo de respuesta ante desastres naturales: Chile cuenta ahora con una plataforma diseñada específicamente para operar en entornos de catástrofe donde la infraestructura costera ha colapsado, lo que es directamente relevante para SENAPRED. En lo diplomático, la capacidad HADR del buque lo convierte en un instrumento de política exterior blanda, proyectable en crisis regionales donde Chile quiera expresar solidaridad con medios concretos.

Para el Congreso Nacional, la botadura es también un recordatorio de que el financiamiento sostenido de programas de largo plazo —el Escotillón IV lleva cuatro años en ejecución— requiere estabilidad presupuestaria multianual, una condición que el debate anual del Presupuesto de Defensa no siempre garantiza.

Instituciones que deben observar: Armada de Chile, ASMAR, SENAPRED, Ministerio de Defensa, Estado Mayor Conjunto, Comisión de Defensa del Senado y la Cámara.

El LPD-93 Magallanes es la demostración de que Chile puede concebir, financiar y ejecutar un programa de construcción naval de alta complejidad en suelo propio. No es una unidad de combate naval de primera línea —su vocación es la logística, el apoyo anfibio y la respuesta humanitaria—, pero es exactamente el tipo de buque que un país con 6.500 kilómetros de costa, presencia antártica y alta sismicidad necesita. La botadura de hoy es un hito real, no protocolar: marca el momento en que la capacidad industrial de defensa chilena da un salto cualitativo que tardará años en ser igualado en América del Sur.

Foto: Armada de Chile

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