El prestigioso think tank británico, RUSI, advierte que la proliferación de drones suicidas y municiones merodeadoras está modificando el campo de batalla y obligando a los Estados a replantear sus sistemas de protección.

Las municiones merodeadoras dejaron de ser una capacidad marginal para convertirse en uno de los instrumentos más disruptivos de la guerra contemporánea. Esa es la principal conclusión de un reciente análisis del Royal United Services Institute (RUSI), que sostiene que los sistemas de defensa actuales siguen siendo insuficientes para enfrentar una amenaza que combina bajo costo, flexibilidad operativa y alta capacidad de penetración.

La expansión de drones suicidas y sistemas no tripulados capaces de identificar y atacar objetivos con autonomía parcial está alterando la lógica tradicional de la defensa aérea.

Durante décadas, la superioridad militar se midió por la cantidad y sofisticación de aviones, buques o sistemas misilísticos. Hoy, sin embargo, un dron con un costo relativamente bajo puede poner en riesgo instalaciones críticas, vehículos blindados o sistemas antiaéreos cuyo valor es cientos de veces superior.

Este fenómeno está modificando la ecuación económica del combate: el atacante puede imponer costos desproporcionados al defensor, obligándolo a gastar recursos significativos para neutralizar amenazas baratas y abundantes.

Saturación, persistencia y precisión

Las municiones merodeadoras combinan tres atributos particularmente complejos de enfrentar: persistencia, ya pueden permanecer en el área de operaciones durante largos períodos, también está en la pecisión, ya que atacan objetivos específicos con escaso margen de error y por último, está la saturación, ya que pueden emplearse en enjambres para abrumar radares y defensas.

La experiencia en Ucrania, Medio Oriente y el Mar Rojo ha demostrado que incluso fuerzas bien equipadas pueden enfrentar dificultades para neutralizar ataques coordinados de drones y misiles de bajo costo.

RUSI plantea que no existe una solución única para enfrentar esta amenaza. La respuesta efectiva exige una arquitectura de defensa por capas que integre: sensores radar y electroópticos, sistemas de detección por radiofrecuencia, guerra electrónica, inhibidores de señal, armas de energía dirigida, defensa aérea de corto alcance, centros de mando y control, personal especializado, así como doctrina y entrenamiento.

En otras palabras, la defensa antidrón es un ecosistema operacional, no un producto, así como la acelerada proliferación de drones está impulsando el crecimiento de empresas especializadas como DroneShield, Rafael Advanced Defense Systems, Thales, Anduril Industries y RTX.

La competencia tecnológica se concentra en radares compactos, sensores RF, software de fusión de datos, jammers y armas de neutralización cinética o no cinética. La principal advertencia del análisis es doctrinaria, toda vez que la amenaza de drones obliga a incorporar capacidades C-UAS (Counter-Unmanned Aircraft Systems) en todos los niveles de la fuerza, desde bases y aeródromos hasta unidades terrestres, navales y policiales.

Implicancias para Chile

La evolución de esta amenaza es altamente relevante para Chile.

El país cuenta con múltiples instalaciones susceptibles de ser afectadas por drones:

  • Bases militares.
  • Aeropuertos.
  • Puertos.
  • Refinerías.
  • Centrales eléctricas.
  • Faenas mineras.
  • Pasos fronterizos.
  • Eventos de alta convocatoria.

Instituciones como el Estado Mayor Conjunto, el Ejército, la Armada, la FACh, Carabineros, la PDI, la DGAC y SENAPRED deberían avanzar en una evaluación conjunta de riesgos y en el desarrollo de una estrategia nacional de defensa antidrón.

El desafío no consiste únicamente en adquirir equipos, sino en construir doctrina, interoperabilidad y protocolos de respuesta.

Las municiones merodeadoras están transformando la guerra y reduciendo las barreras de entrada para actores estatales y no estatales. La principal lección es clara: la defensa antidrón dejó de ser una capacidad especializada y se convirtió en un requisito básico para proteger la infraestructura crítica, la continuidad operativa y la soberanía de los Estados.

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